José Antonio Marina en la red
Tomando ayer un café con un buen amigo, me comentó que José Antonio Marina ya tiene su propia página web (joseantoniomarina.net), con una bitácora incluida. Así que en cuanto he tenido un rato, he pensado que podía ser una buena noticia para avisar por aquí. Como sabéis, Marina es el último entrevistado de la página, y basta echar un vistazo a su agenda (por ejemplo a través de la bitácora) para entender por qué hemos de tener aún una paciencia más que justificada para poder leer sus respuestas: ha publicado dos libros en este año, y no para de dar conferencias y colaborar en diferentes actos culturales. Promoción de la lectura, programas de radio, conferencias en diferentes lugares… Una buena noticia, sin duda, el lanzamiento de esta página que incluye además un material muy original
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Desde hace tiempo, un par de amigos y yo llevábamos dándole vueltas a la posibilidad de abrir entre los 3 una cafetería en Valladolid. Todo empezó como suele ocurrir con este tipo de cosas: comentábamos a veces lo bien que estaría tener un pequeño lugar de reunión, y también tener la posibilidad de darle a la cafetería un toque más personal que esos bares irlandeses y las cafeterías de sillas de madera que abundan en nuestras ciudades. Y al final, de tanto decirlo y comentarlo, la idea se ha vuelto realidad: hoy inauguramos un pequeño negocio en el que pretendemos introducir una práctica que ya ha tenido buena acogida en otras ciudades: el café filosófico. A muchos os sonará raro oir hablar de esto, pero la idea es buena: consiste sencillamente en ir formando un grupo con un interés compartido que se reuna en torno a una buena mesa y un buen café para hacer algo que requiere, a menudo, de un grupo: filosofar.

En estos días, medio país anda revuelto con el gordo de la lotería. Y casi medio país, más o menos, está convencido de que la lotería tocará, como en alguna otra ocasión, en
La noticia de la muerte de la muerte de Julián Marías aparece hoy en
Hace una semana comenzábamos en clase de psicología con el tema del aprendizaje. En una introducción muy general, hablábamos de que, en realidad, estamos aprendiendo toda la vida, y, con intenciones un tanto provocativas, les comenté a los alumnos que en realidad todo lo que estaban aprendiendo era mentira. La reacción no se hizo esperar, y empezaron a decir que para qué iban a clase, que para qué tanto estudio, tantas horas de esfuerzo… Les estábamos timando, me decían. Así que me tocó calmar los ánimos, matizando todo lo anterior: por un lado, todo lo que se estudia en un bachiller tiene que ser concretado/ampliado/corregido/explicado a lo largo de los estudios universitarios, y por otro lado, uno de los objetivos de este nivel es capacitarles para continuar con sus estudios superiores: si algo hay que aprender en estos dos años, es precisamente eso, aprender. Gimnasia mental, les decía yo, para que cada vez puedan hacer mayores y más complejos “ejercicios mentales”.