Ya es posible viajar al futuro
Uno de los sueños de la humanidad que ha aparecido en diversos relatos de ciencia ficción es el poder viajar al futuro. Vivir una humanidad distinta, conocer una ciencia más desarrollada, una técnica más perfecta, un mundo mejor o, simplemente, el número ganador del sorteo de navidad del 22 de diciembre de 2007. Y es que, mal que les pese a los positivistas convencidos, la definición científica del tiempo no nos termina de convencer, y a menudo nos gusta jugar con esta idea, plantear hipótesis que creemos imposibles y tienen, por ello, un toque de fantasía, de utopía. Quizás porque, más o menos, seamos ya dueños del espacio, del lugar, de todo el planeta, sea el tiempo uno de nuestros mayores desafíos. Hay quienes quieren alargarlo (la vida eterna aparece periódicamente en las revistas pseudocientíficas de divulgación) y duplicarlo y también hay quienes desean poder jugar con él a su antojo, en definitiva: poder viajar en el tiempo. Seguir leyendo…




En respuesta a la iniciativa que partió de
Los pueblos suelen elaborar sus propios mitos. Ya lo hacían los griegos y nosotros lo seguimos haciendo. El cine es una de las mayores fábricas de mitos que existen, y las películas de superhéroes son un buen ejemplo de las mismas. Podríamos fijarnos en alguna película concreta, pero también es posible referirse a sagas como la de Supermán, Spiderman o el mismísimo Batman. Con las diferencias que se pueden encontrar entre estas películas, me parece que todas tienen ciertos ingredientes filosóficos que merece la pena comentar. Para empezar, en muchas de ellas aparece un conflicto que está ya bien descrito en el psicoanálisis: el deseo frente al deber. Ser superhéroe debe ser algo complicado entre otras cosas porque implica un alto grado de renuncia: o bien sigue uno aprovechando sus superpoderes (con lo cual no podrá disfrutar de su vida privada) o bien renuncia a los mismos, deja de cumplir con lo que considera su deber para satisfacer otros deseos, como puede ser el de tener una vida anónima, normal, como la del resto de la gente. El deseo y la norma enfrentados como ya viera Freud en su día. El superhéroe encarna, en realidad, la victoria de la norma, del deber, sobre el deseo.