La ética, lo público y lo privado
Desde hace cosa de medio año, más o menos, se nos ha venido contando en el instituto que hay indicaciones muy claras por parte de la Agencia de protección de datos (una institución un tanto contradictoria, ya que se declara pública e independiente): cualquier tipo de información privada sobre los alumnos debe ser destruida antes de ser tirada al contendor del papel. Algo que sería lógico en lo relativo a expedientes académicos, libros de escolaridad (próximos a extinguirse, por cierto) y otros materiales. Pero ahora resulta que si cualquier profesor decide deshacerse de sus exámenes, de los trabajos de los alumnos o de sus cuadernos, debe encargarse previamente de que en ninguno de estos documentos sean legibles datos privados. Algunos ya se han apuntado al gimnasio para ir echando brazo y disponerse a destrozar información a diestro y siniestro. Los exámenes de un curso, por ejemplo, pueden suponer un par de horas de trabajo, con el excelso fin de preservar la intimidad y la privacidad de los alumnos. Que Dios la guarde muchos años, y los profesores también. Seguir leyendo…


