5 conceptos para volverse loco
A lo largo de la historia del pensamiento ha habido varias ideas que han aparecido en numerosas ocasiones, en autores de las más variadas corrientes. Conceptos que la razón trata de comprender, pero que logran ponernos en dificultades. Probablemente los patinazos de nuestro pensamiento se deban a la dificultad de las cuestiones relacionadas con estos conceptos que siguen dando que hablar aún en nuestro tiempo. ¿Representan estos conceptos los límites de nuestro pensamiento? Se podrían poner otros muchos, pero qué duda cabe que los siguientes cinco han dado mucho que pensar…
- El infinito: sea numerable o no numerable, se trata de un concepto que nos viene grande y que puede conducirnos a paradojas.
- El vacío: independientemente del enfoque que pueda recibir este concepto en física, su discusión filosófica termina ahogándose en la intencionalidad propia del pensamiento: si el vacío (o la nada) existen, entonces no son vacío, sino algo existente… pensamientos circulares que convierten a nuestra razón en la pescadilla que se muerde la cola.
- El azar: nuestra razón tiende a ordenar, a sistematizar. ¿Como acercarse entonces a un concepto que, por definición, implica la ausencia absoluta de orden y sistema?
- El origen del universo: da igual que apelemos a las leyes de la física, o que aceptemos la existencia de un ser superior. La razón no se conforma ni con una ni con otra respuesta: ¿Qué había antes del big bang? ¿Quién creó a ese ser creador? El afán interrogador de nuestro pensamiento va más allá de nuestras respuestas.
- El problema del cambio: intentar atrapar la cambiante naturaleza en conceptos es una de las primeras piedras que se interpusieron en el camino de la filosofía. Conceptos como esencial o sustancia (o su absoluta negación) son descendientes filosóficos de este problema.



El pensamiento humano se organiza a menudo en torno a oposiciones conceptuales. El choque, el antagonismo y la contradicción son sin duda uno de los lugares comunes del pensar. El color del cristal con el que se piensa nos lleva a un punto de vista u otro y no siempre es fácil encontrar puntos intermedios (otra de las estrategias de la razón, por cierto). Algo de esto es lo que pasa con el individuo y la sociedad. El uno no se puede entender sin la otra, y viceversa. Sin embargo, eso no impide que una de las preguntas de fondo que subyace a toda sociología sea si se puede entender la sociedad simplemente como una mera suma o agregado de invididuos, o si, por el contrario, la interacción social provoca el surgimiento de una nueva realidad, un nuevo todo o unidad que debe ser estudiado desde una perspectiva propia y específica. Pregunta que podríamos considerar secundaria pero que es imprescindible responder (de una u otra forma) para poder fundamentar otros conceptos más cercanos: desde el cambio social a la responsabilidad.
El pasado fin de semana