El círculo del lenguaje
El lenguaje es sin duda uno de los mayores misterios del ser humano. Cada uno de nosotros habla y habla, sin prestarle mucha atención no ya al lenguaje mismo, sino al extraordinario hecho de hablar. Nos enfrentamos al lenguaje en “actitud natural” que es lo mismo que no enfrentarse con él, lo mismo que pensar que no hay nada de especial en el hecho de decir las cosas o de que exista la posibilidad de compartir un conjunto de símbolos que posibilitan el entendimiento. El caso es que, a poco que pensemos, el lenguaje natural (adjetivo no exento de conflictos cuando se habla del lenguaje) es impensable sin palabras, e igualmente necesario es que las palabras tengan un significado. Y aunque haya muchos tipos de definición, la opinión común se limita a pensar, en el mejor de los casos, que un diccionario (como puede ser el de la RAE), incluye las definiciones de todas las palabras. De lo contrario, ¿acaso sería un diccionario? Seguir leyendo…



Ayer hablábamos de diferentes 


Alguna vez ya hemos dicho que Julián Marías ha sido un autor injustamente tratado. Quizás porque la sombra de Ortega sea demasiado larga, quizás porque sus lectores no hayan querido ver más que un puro continuismo donde había un valioso ejercicio de creación filosófica. El caso es que el título que nos ocupa sigue de plena actualidad por varios motivos. Para empezar, porque sirve como justificación de la filosofía, explica por qué existe la filosofía y por qué necesitamos filosofía. Quizás a todos aquellos que abogan por su paulatina desaparición o por su disolución nos les vendría mal una lectura del libro de Marías (a ver si toman nota ciertos responsables del MEC, y las autoridades educativas del partido que gobierna). Pero hay un motivo aún más importante: el autor es capaz de mostrar cómo la existencia particular del ser humano y las circunstancias en que se desenvuelve su vida convierten a la filosofía en una actividad ineludible, aunque sea ejercida de una manera inconsciente, limitándonos a heredar las concepciones del pasado, o a aceptar de manera obediente las ideas y formas de vida dominantes.