¿Qué es una política social?
La política se escribe con iconos, con frases cortas que terminan penetrando en el inconsciente colectivo. En su día, se consiguió que la oposición inoculara en la sociedad aquel mensaje de “váyase, señor González”, y años después los mismos ingenieros de opinión nos convencieron de que “España va bien”. En los últimos cuatro años, el gobierno intentó convencernos de que la “diversidad” de nuestra “España plurinacional” y la oposición ha tomado conciencia de que esa política mentirosa del “España se rompe” no produce demasiado rédito electoral. El problema de estos latiguillos políticos es que se repiten como un mantra, sin que nadie se preocupe demasiado de saber su significado y mucho menos de contrastar su verdad. La frase más repetida del gobierno en los últimos meses ha sido, sin duda, “política social”. A ver si entre todos sacamos un poco de juego a la expresión.



La integración de la técnica en los ámbitos que podrían considerarse más genuinamente humanos es un proceso que viene ya de antiguo. La máquina y el hombre mantienen una larga relación de amistad, hundida en el tiempo y refrendada con cada descubrimiento tecnológico que nos ayuda a sobrevivir o a vivir mejor. Una auténtica “filía” por la tecnología que tampoco está exenta de odio: a menudo se la culpa de desastres o catástrofes de dimensiones históricas. Con el surgimiento de internet, la valoración parece más unanime: las voces críticas son menores y da la sensación de que la red fuera una oportunidad sin precedentes en lo que a la creación difusión de la cultura se refiere. La relación hombre-tecnología puede abrirse a otras perspectivas: ya no sólo la propia de la valoración moral o política de una tecnología dada sino incluso antropológica. La técnica nos ayuda a entender nuestra condición. Nos conocemos mejor gracias a la técnica, dimensión indispensable de nuestro ser. Y la cuestión de hoy proyecta esta pregunta sobre internet: ¿Nos ayuda Internet a conocernos mejor? ¿Es una buena imagen de lo que somos?
