La imagen de la velocidad

Aunque apenas esté encontrando respuesta por parte de los lectores, continuamos hoy con el tema que nos traemos entre manos desde comienzos de curso: la enseñanza pública y la concertada. En esta ocasión quisiera centrarme en los tópicos sobre el modelo de educación que suele asociarse a estas dos formas de enseñanza. Uno de los mitos dentro de este debate afirma que en la enseñanza concertada se atiende a los alumnos de una manera más personalizada y que se adquieren más valores morales que en cualquier centro público. Para justificar este argumento podríamos fijarnos en ratios, medios personales, recursos técnicos para comunicar con las familias… y a menudo, paradójicamente, en los sistemas de control. Sin embargo, la clave de un trato personalizado en el mundo educativo reside fundamentalmente en la actitud del profesorado. Pensar que los profesores de la enseñanza concertada son más “atentos”, “preocupados”, “humanos” o están más “interesados” que los de la pública es cuando menos arriesgado. ¿En dónde reside entonces esta diferencia que suele alegarse en favor de la concertada? Seguir leyendo…
Una de las actitudes asociadas a la vida humana es la queja y el lamento. Hay tantas y tantas cosas que no nos parecen bien que finalmente terminamos desarrollando un instinto de protesta no siempre correctamente fundado. Por ello quisiera hoy proponer cinco males necesarios sin los cuales la vida humana sería peor de lo que es en la actualidad. Y una pregunta a contracorriente: ¿Cabe una utopía en la que no exista ninguno de estos males?
Y para terminar otra pregunta extraña: ¿Representan estos cinco conceptos males? ¿Puede alguno de ellos considerarse un bien, algo que debemos cuidar, preservar y valorar positivamente? Y por supuesto, dejamos la lista abierta a que cualquier lector proponga otros males necesarios…
“Hoy recibimos tres educaciones diferentes o contrarias: la de nuestros padres, la de nuestros maestros, la del mundo. Lo que nos enseña la última destruye todas las ideas aprendidas en las otras dos. ”
(Montesquieu, El espíritu de las leyes)
Lo de que antes o después nos tenemos que poner a pensar sobre Internet es una propuesta que alguna vez se ha comentado por aquí. En menos de una semana se suceden noticias, fenómenos, sucesos… que demuestran el poder creciente de la red. Llevamos tiempo oyendo hablar de Facebook y la privacidad, de los efectos sociales de tuenti o de los problemas con la propiedad intelectual. Los periódicos cuentan que hoy mismo ha desaparecido en Barcelona un telefono con el software de Windows. El espionaje industrial convive hoy con el software libre, que curiosamente desarrolla programas con un aspecto muy similar al de los programas de pago. Internet es, entre otras cosas, un caos inabarcable de movimientos contradictorios. En medio de todo ello, las discográficas se quejan amargamente de que la música que venden circule antes por los programas P2P que por las tiendas. Y todo por arte de magia. Seguir leyendo…
El esfuerzo personal es uno de los símbolos contradictorios de nuestra sociedad. El tránsito a la madurez implica, entre otras cosas, ir asumiendo que nos toca trabajar. Hay empresas que incluso miden el esfuerzo de sus trabajadores, en función de horas dedicadas, intensidad de trabajo en las mismas, productividad… en resumen: todas esas variables tan difícilmente cuantificables, que las técnicas capitalistas tratan de meter en vereda. El contraste, casi enfrentamiento, entre esta perspectiva y el sistema educativo se ha convertido en un tópico: nuestro sistema no valora ni premia el esfuerzo personal. Se acusa veladamente a los padres de valorar exclusivamente los resultados, y no el trabajo realizado, y al sistema en general de incluir medidas que no prestan atención al esfuerzo de los alumnos. El caso es que vivimos buenos tiempos para el esfuerzo: se nos pide que lo realicemos en la escuela, en la economía, en política… Desde todos los ámbitos, autoridades de las más diversa índole nos invitan a esforzarnos y a valorar la implicación y el compromiso personal por encima de cualquier otra cosa. Un rasgo de nuestro tiempo es, sin duda, el doble lenguaje del esfuerzo. Seguir leyendo…
Nunca antes estuvo tan difícil determinar qué es arte y qué no lo es. Las vanguardias y los movimientos renovadores de las más diversas disciplinas artísticas contaban entre sus objetivos con la ruptura completa respecto a cualquier visión restrictiva del arte. Fin de ruta: “esto lo hace mi niño“, en el caso de los padres esperanzados en las capacidad expresivas de su descendencia o aquel “eso lo puede hacer cualquiera“, mucho más genérico, que esconde una optimista confianza en nuestros congéneres. Las fronteras entre lo artístico y lo que no lo es se han ido borrando paulatinamente, con la connivencia de artistas, galeristas, teóricos e incluso expertos, que han convertido en burdo y gastado el lema según el cual todo es artístico. En pocas palabras: nadie sabe hoy lo que es arte y lo que no, sin que ello haya mermado la proliferación de museos de arte contemporáneo, exposiciones, mercados y galerías. Seguir leyendo…
La semana pasada recibía un mensaje de alarma: algún bienintencionado internauta había decidido alertar a su lista de contactos del peligro que se corría en la ciudad. El mensaje incluía cierto dramatismo, más aún si tenemos en cuenta que le había ocurrido a él mismo: encerrado en el denso tráfico de una calle céntrica de la ciudad, su coche sufrió el ataque de un par de individuos que se bajaron del coche, le rajaron una rueda. Tras la pertinente denuncia, la “guardia urbana” aconsejaba entre otras cosas, llevar las puertas del coche bien cerradas y otras tantas cosas apropiadas para evitarlo en el futuro. Instantáneamente el mensaje me recordó a aquel otro en el que se advertía de ciertas bandas nocturnas: “si ves un coche sin luces por la noche, no les des las largas, pues de hacerlo te darán una paliza o te matarán”. y eso por no hablar de la infinidad de tragedias y situaciones apremiantes que se descargan todas las semanas en mi correo, solicitando una colaboración altruista y generosa. En la era digital, los bulos circulan por las autopistas de la información. Seguir leyendo…
La canción de hoy no necesita presentación. Basta escucharla para sacarle ideas, actualidad y vigencia. Todo un compendio de ciudadanía en poco más de cuatro minutos (de hecho, contacté en su día con el autor que atorizó que la canción apareciera en Ética para el ciudadano del siglo XXI). Fronteras artificiales frente a universales humanos, como la amistad, el amor, la nostalgia, el hambre, la necesidad… ¿Alguien es extranjero de la categoría humana? A lo mejor lo son, paradójicamente, los que se empeñan en la distinción y la separación.
Llevamos semanas con el bombardeo de los óscar. Cada vez que nominan a algún español se desencadena una tormenta de publicidad imparable. El nominado se lleva su goya correspondiente, y se abre una campaña mediática para promocionar al máximo la candidatura. Toda una señal inequívoca de los criterios con los que se conceden los premios a los actores. Nadie duda de que se trata de reconocimiento al trabajo bien realizado, permaneciendo completamente al margen los intereses económicos, políticos o ideológicos. En cualquier caso no pienso dejar que la política y el sincero compromiso del mundo del cine afecten a esta anotación. Quiero retomar la pregunta por los premios y plantearla en serio, tratando de darle incluso un fundamento filosófico al tema, si es que se me permite. Por debajo de la valoración de cualquier actuación cinematográfica o teatral hay muchas más ideas de las que en un principio cabría esperar. La relación entre ficción y realidad salta a la vida, pero también otra que se refiere al actor mismo: ¿Debe sentir el actor aquello que representa? Seguir leyendo…
Sugerimos hoy una lectura filosófica que para la gran mayoría no supondrá, ni mucho menos, una novedad: los libros de cuentos y relatos de Jorge Luis Borges. Nadie va a descubrir a estas alturas su valor como literato tampoco la enorme cantidad de filosofía que destilan sus personajes, las situaciones imaginadas y las fantásticas recreaciones de sus relatos. Una de las mejores maneras de iniciarse en la filosofía es comenzar por la literatura filosófica. Si se nos permite el emplear esta categoría, creo que una gran mayoría estaría de acuerdo en situar a Borges como uno de sus maestros. Leyendo a Borges no sólo podemos estar seguros de sujetar buena literatura en nuestras manos, sino también de enfrentarnos a desafíos para nuestro pensamiento, de invitaciones a llevar nuestra razón y nuestra imaginación hasta sus límites, en mundos soñados e imposibles que sin embargo tienen mucho que decir en algunos de los temas centrales de la filosofía. De la ficción a las ideas sin ningún tipo de salto intelectual. Borges nos sitúa, sencillamente, en un mundo distinto, tan filosófico o más que este que habitamos. Seguir leyendo…
Recientemente recibía la evaluación negativa de la ANECA dentro del proceso de acreditación para ser profesor universitario. Desde la última reforma universitaria, y tratando de evitar la endogamia, se ha instaurado una certificación previa de una institución nacional, cuya acreditación no garantiza un puesto docente en la enseñanza superior, sino que tan sólo permite presentarse a los procesos de selección. Tras nueve años de docencia en secundaria, alguna que otra publicación, varias comunicaciones, alguna ponencia y otros méritos que no vienen al caso, la comisión evaluadora ha dictaminado que estos méritos no son suficientes ni siquiera para desempeñar un puesto de profesor ayudante o profesor contratado doctor. La formación en idiomas y el trabajo invertido en la innovación educativa tampoco son tenidos en cuenta. El elemento indispensable y del que carece mi solicitud es la experencia docente en la universidad. El proceso es delirante y contradictorio: si alguien pretende presentarse a un proceso de selección de cualquier Universidad ha de contar en su currículum con experiencia docente previa en alguna Universidad. La pescadilla que se muerde la cola, con el fin de evitar la endogamia que caracterizó, caracteriza y caracterizará a la universidad española. Seguir leyendo…
Uno de los mayores sistemas filosóficos de la historia, el de Hegel, sostiene que cada pueblo se caracteriza por un conjunto de rasgos constitutivos, que vienen marcados por el pasado, las tradiciones, la cultura… pensemos, por un momento, en la “eticidad” hegeliana o en el viejo “ethos” de los griegos. Si aceptamos estas ideas, existiría un modo de ser pecular en cada zona. Para Hegel el pueblo dominante encarna los valores más racionales de cada época, pero dejemos ese delicado asunto para otro día. Hoy quería fijar la discusión en torno a esta idea, según la cual nuestra forma de ser viene dada por un conjunto de rasgos preexistentes a cada uno de nosotros. De ser esto así, podrían establecerse incluso relaciones entre el entorno en el que vivimos y nuestra forma de ser. La pregunta de hoy es aparentemente insulsa, pero interesante si lo ponemos en relación con cuestiones alrededor del ser humano: ¿hasta qué punto vivimos moldeados por el clima o la geografía en la que nos encontramos? ¿Somos expresión de ese entorno que nos condiciona o podemos vivir al margen del mismo? Seguir leyendo…
Cuando en foros y listas relacionadas con la filosofía se presenta una película como filósofica, no se puede evitar el sentarse delante de la pantalla esperando algo más, un hecho diferenciador respecto al resto de películas. Quien sabe: quizás sea una mala etiqueta que a los profesores de filosofía nos predisponga de un modo negativo. La película que nos ocupa vino precedida por su carácter filosófico: se desarrolla en la Universidad de Oxford y presenta una trama de asesinatos en la que aparecen implicados un estudiante y un profesor de filosofía. De lógica, para más señas. La filosofía se diluye en la sucesión de los crímenes y la investigación que lleva a cabo el alumno, acercándose mucho más a una película policíaca que filosófica. Ciertamente aparecen referencias a Wittgenstein desde la primera escena, pero me da la impresión de que el fuste filosófico es más bien débil. Se aprovecha la filosofía para dar un barniz pseudocultural a una película que puede recordarnos mucho más a Sherlock Holmes que a cualquier actitud propiamente filosófica. Seguir leyendo…
Por esas casualidades de la navegación por las procelosas aguas de la red, me crucé con el concepto de red libre de escala. Se trata de una organización concreta de una red, en la que algunos nodos están muy conectados, mientras que la gran mayoría de ellos apenas tienen conexiones entre sí. Es decir: ese concepto de “autopista de la información” no es tan errado, pues los internautas nos movemos por caminos marcados. Los grandes nudos de la información (en la teoría reciben el nombre de hubs) son los referentes informativos. Nadie nos garantiza que haya una conexión necesaria entre la calidad de la información, su pertinencia y su relevancia y esa cantidad de conexiones. Lo que sí se nos garantiza es que hay una probabilidad muy alta de que la gran mayoría de internaturas visitemos (más o menos) las mismas páginas web a lo largo del día. En definitiva: que también en Internet se cumple aquello de ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente. Seguir leyendo…