El ser humano en la red
Uno de los tópicos que se han ido extendiendo en los últimos años trata de ensalzar las bondades y excelencias de las nuevas tecnologías. De una manera lenta pero inexorable, los medios de comunicación han engullido parte del pastel: si en sus inicios tenían grandes recelos hacia la red, hoy parecen abrazar su credo hasta el punto que parece que vivir al margen de la red es una forma primitiva de vida. Se va forjando así un nuevo modelo de ser humano, que consiste precisamente en ser en la red. Y es que entender hoy la red como una tecnología más que nos permite hacer ciertas cosas es quedarse con una parte de la cuestión. Internet es humano (y no máquina) en un doble sentido: por un lado son personas las que están detrás de la pantalla, las que dotan de contenido y sentido a la red. Por otro lado, la red “produce” a los humanos que nacen y crecen en su seno. Conviene aplicarle a la red el sentido foucaultiano de poder: vivimos en ella, sujetos a ella. Ciertas expresiones son más que un juego de palabras: estamos enredados.



A finales de febrero se pondrá en marcha la segunda edición del curso
Como si de un imán se tratara, el mundo educativo suele acaparar el noventa por ciento, si no más, de las conversaciones entre docentes. Y no siempre para mal: también se puede hablar, por ejemplo, de los mejores alumnos de cada grupo. Un tema en el que, como no podía ser de otra manera, tampoco hay unanimidad: cada profesor cuenta con sus propia “tipología”, en la que puede haber rasgos de lo más diverso. Están, por ejemplo, los que consideran que los mejores son siempre aquellos que logran las mejores notas: si somos profesores de un centro educativo y los alumnos vienen a estudiar, la opción más lógica apunta a esta concepción técnica del asunto. Pero ello no impide que haya otras formas de valorar a quienes día a día vienen a las aulas con el afán de aprender: quizás el objetivo del sistema no debería ser sólo la formación intelectual, sino también fomentar que quien termina la secundaria, el bachillerato o un ciclo formativo cualquiera sea una buena persona. Y evidentemente no tiene por qué coincidir aquel que se empeña en sacar las mejores notas posibles con el que es tenido por bueno.