¿Hacia una filosofía de la red?
En estos días hemos empezado tema nuevo: el conocimiento humano. En una introducción general se hace casi imprescindible citar la red como uno de los lugares en los que está el conocimiento. Una referencia no exenta de tono crítico: quizás la sociedad del conocimiento nos esté haciendo a todos un poco más ignorantes. Pero no es este el tema de hoy. La cuestión es que no son pocos los temas en los que se termina colando Internet: hablar de democracia puede traer consigo una alusión clara y directa: hay maneras de democratizar la política a través de la red, desde el voto digital hasta las redes sociales. Y se podrían poner muchos ejemplos. Una reflexión que viene obligada entre otras cosas, por el “público” al que se dirige un profesor de secundaria: nuestros alumnos han nacido ya en un contexto digital. Lo cual no quiere decir que sean expertos informáticos, pero sí que conocen de cerca la red y sus posibilidades, al menos con la superficialidad inherente al de todos los usuarios que pululamos en la red. El esfuerzo didáctico no es sólo eso: quizás esté llegando el tiempo en el que se hace necesaria una contribución filosófica al estudio y comprensión de la red.



Distinguir la ciencia de la pseudociencia es uno de los problemas clásicos de la filosofía. El propio planteamiento implica ya una toma de partido: la ciencia es “lo bueno”, “lo verdadero”, mientras que la pseudociencia es “lo malo” y “lo falso”. Así, sin mayores explicaciones ni desarrollos. Se trata de fijar un criterio que separe lo que tiene que estar de un lado, de todo aquello que pretende engañarnos, hacerse pasar por lo que no es. Para eso está la comunidad científica y la academia: para decir que lo que ellos hacen es ciencia, mientras que lo que hacen los demás no lo es. Todo sería sencillo, y estaríamos de acuerdo, si tenemos que elegir entre el tarot y la astronomía, el horóscopo y la física. Pero el asunto se complica cuando posamos nuestros ojos sobre la medicina naturista, la homeopatía o la acupuntura. Y se termina de enrevesar cuando incluso la propia ciencia toma apariencia de pseudociencia. Me estoy refiriendo a un tema que no deja de estar en boca de la gente: los medicamentos genéricos.