¿Hacia una cultura del menos es más?
Toda crisis lleva consigo algún aspecto positivo, independientemente de que nos sea conocido a más corto o largo plazo. Algo que sin duda no puede servir de consuelo a todos los que pierden su empleo o ven cómo sus ingresos alcanzan cada vez para menos cosas. Pero uno de los beneficios de esta larga crisis económica puede ser precisamente el cambio cultural que puede propiciar. Porque no nos engañemos: el origen de una crisis económica está en la propia cultura y, en último término, en una crisis de tipo moral. La crisis puede ser una oportunidad perdida si tan sólo nos preocupamos por un aumento del P.I.B. y la consiguiente bajada del paro. Focalizar el núcleo de la crisis en la economía puede ser una forma de evasión, síntoma de no haber terminado de comprenderlo todo correctamente. Ahora que las cosas no van nada bien estamos en el momento adecuado para replantearnos ciertas pautas y rasgos culturales, mucho más profundos que cualquier índice económico, y probablemente con un mayor impacto sobre nuestra vida diaria. Me estoy refiriendo a una idea que lleva ya un tiempo circulando por la red: la cultura del decrecimiento.


