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5 ideas sobre la tolerancia

Retomando la carta de Locke...

Nos acercamos a unos días con sentidos muy diversos: culturales, religiosos, tradicionales, económicos... La celebración de la semana santa se va convirtiendo año a año en un asunto polémico, objeto incluso de concentraciones en contra. Una tendencia que seguramente tenderá a incrementarse en el futuro. No estaría de más recuperar alguna de las ideas de la Carta sobre la tolerancia, e ir pensando algunas ideas alrededor de este concepto:

  1. La tolerencia ha de practarse por igual con todos los credos y religiones, tanto con las que pertenecen a nuestra propia tradición cultural como hacia las ajenas. Esto incluye, por supuesto, a todos aquellos que no tiene credo alguno.
  2. La tolerancia implica aceptar que las propias creencias no tienen por qué imponerse sobre el resto. El mayor enemigo de la tolerancia es el dogmatismo.
  3. El mejor aliado de la intolerancia es la ignorancia: las actitudes más intransigentes suelen ofrecer planteamientos y críticas que muestran la ignorancia de quien los formula, no la debilidad de lo criticado.
  4. La tolerancia no puede nunca aspirar a la desaparición "pacífica" de la diversidad y la pluiarliadad. Tolerar significa ser cosnciente de que siempre habrá quienes piensen distinto. Cualquier otra alternativa, corre el peligro de acercarse al totalitarismo.
  5. La tolerancia tiene límites irrenunciables: no hay que tolerar al intolerante, ni tampoco a quien aboga por romper reglas elementales del juego, como puede ser en democracia los derechos humanos.

En el Diccionario de la Real Academia Española, y en su segunda acepción, se define la tolerancia como: - Respeto a las Ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. En primer lugar, hacer notar, que en la definición no se hace referencia a la legalidad. Y en segundo lugar, decir, que incluye a las prácticas de los demás. ¿Que porqué digo esto? En fin, ya lo veremos. Quizás el punto más controvertido del artículo sea el que reza: La tolerancia tiene límites irrenunciables: no hay que tolerar al intolerante, ni tampoco a quien aboga por romper reglas elementales del juego, como puede ser en democracia los derechos humanos. Decir, que aquí, la tolerancia se define, más bien, en base a la legalidad. Serían tolerantes los que cumplen con las leyes, e intolerantes, los que no lo hacen. En cualquier caso todos entendemos lo que ello significa. Hay que ser intolerantes con los maltratadotes de mujeres, con los pederastas, con los que atacan a la homosexualidad (mejor dicho, a los homosexuales) etc. Y supongo yo, que todo ello, independientemente de que sea o no legal. En la actualidad se ha suscitado una polémica, en torno a la manifestación atea, coincidiendo con la Semana Santa. ¿Éste sería un caso de intolerancia? En caso de serlo ¿Quiénes serían los intolerantes? Los que convocaron la manifestación o los que la prohibieron. En cualquier caso, no se podría tolerar a los intolerantes, sean quienes sean. Podría terminar aquí. Habiendo planteado una cuestión (más o menos interesante) y que diese más o menos que pensar. Pero no, no lo voy hacer. Y no lo voy hacer porque la filosofía conlleva una dimensión práctica insoslayable. Es decir, nos tenemos que “mojar”. Me parece una provocación intolerable por parte de los que convocaron la manifestación. Y todo ello, independientemente de que se sea católico, ateo o mediopensionista. Y me parece una provocación, porque tal como se establece en la segunda acepción del diccionario de la R.A.E. hay que respetar las prácticas de los demás (en este caso religiosas). Sé que muchos podrán decir que los Ateos, mejor dicho, esos convocantes Ateos, tienen todo el derecho del mundo de manifestarse coincidiendo espacial y temporalmente con la celebración de semana Santa. Pero el problema de cifrar la tolerancia en la legalidad es que siempre puede llegar alguien y decir que como antes estaba condenada la homosexualidad, entonces, no existía ninguna provocación e intolerancia con los homosexuales, con los negros o con los judíos. Es más, y siento volver sobre lo mismo, pero estoy convencido de que muchos de los que consideran que la convocatoria atea debe de realizarse (y los intolerantes serían los que prohíben dicha manifestación atea) no tendrían ningún reparo en aceptar que sería una intolerancia absoluta por parte de los católicos si se manifestasen coincidiendo con una celebración musulmana o que celebraran la fiesta del cochino coincidiendo espacio-temporalmente con el Ramadán. Ergo, para mí, los intolerantes serían esos manifestantes ateos. Y contra los intolerantes, tolerancia cero. Un Saludo