Algo difícil de entender
La semana pasada hablábamos en clase de la muerte de [1] Sócrates. Leíamos algún fragmento del [2] Critón. La situación que presenta este diálogo es bien conocida en el mundillo de la filosofía: Sócrates, condenado a muerte, recibe la visita de Critón, que le ofrece escaparse de la cárcel y de la condena. Los amigos de Sócrates lo habían preparado todo para posibilitar su escapada, y Critón trata de convencer al viejo Sócrates de que se escape. Sin embargo, la decisión del maestro es también célebre: ¿sería coherente escaparse porque las leyes que él mismo había defendido a lo largo de toda su vida le habían condenado? ¿Podía Sócrates al final de su vida ir en contra de todas las leyes que le habían permitido vivir en Atenas, en la que él consideraba la mejor ciudad de su tiempo?
Los argumentos de Sócrates siguen sorprendiendo por su sencillez y por su fuerza: las leyes de la ciudad son el fundamento de la misma. Tratar de burlar las leyes es tratar de burlar a la ciudad misma, y a los propios ciudadanos. No es de recibo atacar las mismas leyes que se han venido retificando no en un pacto escrito, sino en otro aún más vinculante y comprometedor: el de la vida cotidiana. Sócrates manifestó en numerosas ocasiones que las leyes eran las que daban identidad a la ciudad, las que sostenían la vida de los ciudadanos. Las leyes configuran una forma de vida, y son precisamente ellas las que diferencian unos pueblos de otros, las que marcan las similitudes y distinciones entre culturas y seres humanos. ¿No es entonces contradictorio pretender ignorarlas cuando no nos son propicias?
El caso es que la visión del viejo Sócrates no está muy de moda hoy en día. Cuando se habla de esto en clase se suele decir que Sócrates era tonto, y que debía haber escapado, tal y como Critón le decía. Las leyes, hoy en día, son vistas como una herramienta a disposición del individuo, como algo de lo que hemos de intentar aprovecharnos en la medida de nuestras posibilidades, y que burlaremos también siempre que podamos hacerlo con un mínimo de garantías. La coherencia o la defensa a ultranza de lo que uno piensa es interpretado hoy como una nueva suerte de fanatismo, integrismo o estupidez. No hay que ser tan fanático de las leyes, este Sócrates era tonto, escucho a menudo en clase. Quizás lo que no se dice (pero se piensa por debajo) es: tenemos que beneficiarnos de las leyes todo lo que podamos, ponerlas a nuestro servicio, sin que importe algo así como la coherencia, sino la llamada utilidad personal. ¿Pensáis vosotros también que Sócrates era un estúpido?
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] Sócrates: http://www.boulesis.com/didactica/glosario/?n=26
[2] Critón: http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/OtrosAutoresdelaLiteraturaUnivers
al/Platon/Criton.asp
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