Antropología del género
Mujeres, hombres y roles sociales · Arte/cultura
Hoy quiero traer a colación un tema polémico, pero que cada vez está siendo más investigado: el feminismo. Desde los trabajos de investigación de Margaret Mead surgió toda una rama de antropología: la antropología del género, cuyo objetivo principal consiste en investigar cómo cada cultura construye las categorías de masculino y femenino. Lejos de lo que se pensó durante siglos, Mead puso de manifiesto que ambos coceptos responden a diferentes divisiones de roles. De hecho, todo indica que las primeras sociedades humanas eran claramente matriarcales: un elevado procentaje de la dieta estaba compuesta de vegetales aportados por las mujeres, y la caza representaba una parte mucho más pequeña (entre otras cosas porque escaseaba). Por ello, eran las mujeres las que tenían el poder. En esta línea irían por ejemplo, mitos como el de las amazonas, que serían expresión de una supremacía de la mujer.
Llegó un momento en el que por causas fundamentalmente demográficas y económicas, aparece la guerra, y con ella el papel de la mujer comienza a aparecer en un segundo plano, lo que no impidió que siguieran existiendo sociedades de mujeres guerreras. La evolución a partir de esta transición es más o menos conocida: el papel de la mujer va decayendo paulatinamente, hasta quedar anulada por el dominio del varón. Afortunadamente, las aportaciones de Mead, Simone de Beauvoir o tantas otras, hoy nadie discute en el panorama filosófico que las mujeres tengan los mismo derechos que los hombres, y también en la sociedad se van superando, poco a poco, roles anticuados. La presencia de la mujer en los diferentes sectores sociales (económico, político, cultural…) es un buen síntoma de todo esto, que también se puede comprobar en interesantes proyectos de internet.
¿Y para qué os cuento todo esto hoy? Pues sobre todo por dos cuestiones que me rondan la cabeza en los últimos tiempos. La primera se centra en lo natural: llegar a poner los límites de un concepto tan importante y poderoso me parece una de las tareas pendientes de la filosofía y de la antropología, porque este concepto ha servido tradicionalmente para justificar la explotación de las mujeres, pero también otras tantas atrocidades. Y la segunda cuestión tiene más que ver con todo lo que os contaba antes: la identidad de la mujer. Mead y otras tantas pusieron de manifiesto el peso de la cultura a la hora de determinar los roles, pero queda abierto el mayor de los problemas: reorganizar las relaciones entre hombres y mujeres nos obliga a todos a repensar nuestra identidad y nuestro lugar en la cultura y la sociedad. La pluralidad de feminismos es tan sólo un ejemplo de la dificultad del problema. Estos cambios sociales y culturales han provocado que antes de responder a una de las preguntas esenciales de la filosofía (¿Qué es el hombre?) debamos redefinir la identidad del varón y de la mujer dentro de nuestra cultura. Una tarea nada sencilla, por cierto.


