ARCO 2005
Hoy comienza, no sin [1] sobresaltos, [2] ARCO 2005, la feria anual de arte contemporáneo. Ya he oído por ahí las primeras quejas: la entrada cuesta 30 euros, nada más y nada menos. El arte se terminará convirtiendo en algo elitista, en un reducto de los ricos. Sin embargo, está bastante claro que lo que menos le va a costar a una persona que entre a esta feria va a ser la entrada. Bastante más, probablemente, le costará conectar, valorar, disfrutar, entender, vivir, apreciar, o vivenciar todo lo que está ahí dentro. Ya véis que no encuentro el verbo adecuado. Si ya es difícil saber qué es lo que debe hacer uno con el arte, la cuestión se vuelve aún más oscura y compleja cuando de arte contemporáneo se trata.
Decir que el arte ya no tiene por qué reflejar la realidad es a día de hoy una perogrullada. Desde finales del XIX y comienzos del XX el surrealismo ya nos enseñó que el arte puede consistir precisamente en crear una nueva realidad. El arte también puede expresar, por qué no, los sentimientos del artista, sus ideas, opiniones, críticas… Así que, pese a los periodos hiperrealistas, el artista adquirió una licencia hasta entonces prácticamente inexistente: la libertad. Sólo desde la libertad expresiva y creativa del artista puede uno acercarse a muchas de las obras de las últimas décadas. La obra se trasciende a sí misma, sale del cuadro y de la instalación, e interroga al espectador que debe a menudo completar lo que sólo aparece incompleto. Pero esta libertad, y estas nuevas relaciones entre obra y receptor tiene también un precio: la incomprensibilidad.
No debería quejarse ningún artista por el hecho de que su arte no sea bien comprendido (algunos ni siquiera lo pretenden, y entenderían esto como una virtud de su obra): si el propio creador renuncia a códigos compartidos, como son el lenguaje, la realidad, o símbolos comunes, y empeña todos sus esfuerzos en construir un lenguaje privado y personal, no es de extrañar que tanta gente se sienta decepcionada ante el arte contemporáneo. Y no vale con la tan oída frase: es que no entiendes de arte. No son pocos los que ya comienzan a decir sin complejos que al arte contemporáneo le ocurre lo que al rey del cuento: que va desnudo, que no vale nada, pero “los entendidos” no se atreven a decirlo por no ser señalado con el dedo. ¿Está bien que el arte esté tan alejado de sus posibles receptores? ¿Qué función tiene el arte desligado de la realidad en que ha sido creado?
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] sobresaltos: http://news.google.es/news?q=ARCO&hl=es&lr=&sa=N&tab=nn&oi=n
ewsr
[2] ARCO 2005: http://www.arcospain.org/
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