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Arthur Schopenhauer

Las edades de la vida (y de la muerte)
«La jovialidad y el coraje vital de nuestra juventud se basan en parte en que, como entonces vamos subiendo la montaña, no vemos la muerte, que se encuentra al pie de la otra ladera. Pero una vez que hemos rebasado la cima, vemos realmente la muerte, que hasta ese momento sólo conocíamos de oídas.»
«Con ello, dado que al mismo tiempo se inicia la bajamar de nuestra fuerza vital, también nuestro coraje vital decae, de modo que ahora una sombría gravedad expulsa la anterior arrogancia juvenil y queda impresa también en nuestro rostro. Mientras somos jóvenes " dígasenos lo que se nos diga- consideramos que la vida no acaba nunca y tratamos el tiempo de conformidad con eso. Cuanto más envejecemos, tanto más economizamos nuestro tiempo. Pues en la avanzada vejez cada una de las jornadas trascurridas despierta en nosotros una sensación similar a la que tiene, a cada paso que da, un delincuente que es conducido al patíbulo» (Arthur Schopenhauer, Parerga y paralipómena)

Una de mis favoritas extraída de Frases y citas célebres IS del alemán, que resume gran parte du su filosofía: "Todo querer nace de una necesidad, por consiguiente de una carencia; y por lo tanto de un sufrimiento".

Es impepinable que la decadencia física proporciona la impresión de cercanía de la muerte. También es cierto que cuando una persona se encuentra en pleno vigor y lozanía parece que el tiempo es largo y que la muerte está lejos. Además parece razonable o lógico ya que parece que es lo «normal» o lo más frecuente en nuestra sociedad. Por ello la muerte de niños, jóvenes o adultos no ancianos nos crean un impacto porque no han llegado «al pie de la otra ladera». Y es esta expresión la que me llama la atención. El simil no es para todos.

Gracias por tu cita, Timshel (no la conocía, y me parece muy ingeniosa). En cuanto a tu comentario, Fabián, es especialmente agudo. Como dices, la ladera no es para todos y hay cosas que vemos "normales". Tu anotación me ha recordado una conversación que escuché el año pasado, en la que alguien decía, que "por naturaleza" estamos preparados para perder, antes o después, a los padres, pues es ley de vida. Sin embargo, comentaban también que nadie podía estar nunca preparado para perder a un hijo, y que este es uno de los golpes más duros que se puede recibir en la vida.

Muy buenas. Hoy también tengo que agradecer los ánimos y las fuerzas que me mandan "Chinchímini" y "El Patis" para cumplir mi propósito. Me empiezo a sentir como Forrest Gump cuando, al ir corriendo de un sitio a otro, se le va uniendo la gente. La muerte es uno de los temas de los que más me gusta hablar e incluso reírme. Y es que me causa gracia que, siendo lo único seguro que nos va a pasar en la vida, no seamos conscientes de ello hasta que no hemos "rebasado la cima", o incluso ni una vez rebasada. Por supuesto que a todo el mundo nos duele la muerte de un ser querido, pero eso no puede hipotecarnos la vida (por temor, añoranza, incertidumbre,...). Más bien al contrario, la muerte nos tiene que hacer vivir plenamente todos y cada uno de los días de nuestra vida porque nunca se sabe cuál va a ser el último (tanto nuestro como de los que nos rodean). Como dijo Leonardo Da Vinci: "Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte". Un saludo y hasta mañana.

El objetivo de todo viaje no debe ser llegar, sino disfrutar del camino.

La vida es como una caja de bombones: hay que disfrutar de cada uno de ellos, no acabar la caja. ¡¡Corre, Pelis, corre!!