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Bitácoras y periodismo

Diarios convencionales y personales
El impacto de las bitácoras sobre el periodismo es algo sobre lo que no se deja de hablar. Por un lado no dejan de aparecer periodismo y cada vez son más los periodistas que se animan a tener un diario personal. Por eso con el tema de DialBit queríamos ponernos en la piel del lector. Si al cabo del tiempo nos dedicamos a estar bien informados por la prensa y los medios "tradicionales" (que la televisión sea un medio tradicional no deja de ser significativo), y si queremos también escuchar lo que dicen las bitácoras, al final del día no nos habrá dado mucho tiempo para más. Puede que vivamos en una sociedad sobresaturada de información y por eso su selección y filtrado se convierte en una tarea indispensable si realmente quiere uno informarse y no "ser formado" por los diferentes medios. La dificultad de esta tarea no se le escapa a nadie. Que las bitácoras sean un modo de hacer un periodismo más plural me parece algo aceptable, pero de ahí a que lleguemos a tener un periodismo lo más neutral posible y alejado de ideologías me parece que va un abismo. El periodista que tiene una bitácora puede igualmente ser visitado por sus superiores y ser presionado para introducir cierta orientación en sus anotaciones. Las bitácoras especialmente influyentes y visitadas (el día que las haya...) podrían estar condicionadas por ello: ¿qué periodista se jugaría su trabajo por publicar una noticia o una opinión que no encaja en la línea editorial de su periódico" Las limitaciones del periodismo tradicional pueden desembarcar también en esta pequeña isla en la red que es la blogosfera. Una bitácora de un periodista no es siempre sinónimo de información veraz y objetiva. No es sinónimo de falta de ideología o manipulación. Sin embargo, las bitácoras sí que pueden aportar frescura a la información en la medida en que sus mismos protagonistas pueden relatar su punto de vista sobre los hechos en un diario personal. La "liberación" de las bitácoras puede venir precisamente de la pérdida de un monopolio: el de la información. Los periodistas no son ya sus grandes dominadores. Son, eso sí, sus principales gestores, pero no tienen ya un poder hegemónico sobre la misma. Que la información que demos el resto de los ciudadanos sea de mayor calidad, y esté libre de manipulación está también por ver. Al final, como tantas otras veces, estar bien informado termina siendo algo muy complejo: requiere un ejercicio de lectura profunda, búsqueda de fuentes diversas, y elaboración crítica de la información leida, buscando contraargumentos y posibles alternativas a lo que se nos presenta. En el fondo, esta es una tarea de todos, como ciudadanos que somos, y no de los periodistas. Una tarea cotidiana que debería convertirse casi, en las sociedades supuestamente democráticas en las que vivimos, en un imperativo moral.