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Cables y neutrinos

Algunas consecuencias del experimento de los neutrinos

Por si no tuviéramos suficiente con la económica, estamos en medio de una pequeña crisis científica. Hace unos días se nos contaba que un problema en la conexión de un cable es el responsable de que la teoría de Einstein se viera refutada en el experimento realizado meses atrás. Así que en apenas medio año, hemos pasado de tener un experimento que refutaba una teoría ampliamente aceptada a un experimento refutado. Algo que en cierta manera, debería servir de pequeña lección de humildad para todos los que defienden la ciencia con el fanatismo que otrora acompañaba a los partidarios de la religióno de otras formas de pensameinto . Y es que hay que tener cuidado con el mito y el logos, no sea que de tanto fiarnos de nuestra razón y su capacidad explicativa, la terminemos mitificando, anulando así cualquier posibilidad de conocimiento científico. Dicho en otras palabras: si la ciencia quiere avanzar ha de asumirse a sí misma como provisional, limitada e imperfecta.

En cierta manera, la humildad es también un valor añadido en el conocimiento. Si una propuesta teórica se presenta a modo de hipótesis puede resultar más fecunda que si da por hecho que es una verdad inamovible. Más aún, me atrevería a decir que es una actitud muy común en los grandes científicos del mundo: si se leen los discursos de los premios Nobel de disciplinas científicas, en muchos de ellos aparece un reconocimiento implícito del trabajo por hacer, de los límites del conocimiento humano, y de la provisionalidad de toda contribución a la historia de la ciencia. Los que trabajan en primera linea lo saben y así lo manifiestan públicamente. Por eso es difícil explicar el dogmatismo, casi se podría decir intolerancia, que se puede detectar en algunos medios de comunicación, o incluso en las propias aulas. Los grandes científicos del mundo saben de la complejidad de los problemas y nosotros nos dedicamos a explicar a los alumnos que la ciencia puede llegar a saberlo todo. Las personas más sabias de nuestro tiempo son conscientes de unos límites que jamás aparecen en los periódicos.

Los neutrinos viajan rápido, y también lo hace la luz. ¿Podrán los primeros superar a la segunda" Sólo el tiempo lo dirá. Ambos superan en velocidad a a destrucción del prejucicio, tarea que Einstein calificó como imposible. El caso es que la incertidumbre generada es una imagen excelente de lo que es la ciencia de verdad, la que se realiza en laboratorios y grandes proyectos de investigación: experimentación, duda, hipótesis. Anhelo de luz en medio de claroscuros, de muchos terrenos que se le han ganado a la ignorancia y la superstición, pero aún abierta y tolerante hacia otros dicursos. Sólo una ciencia que olvida o ignora su propia historia puede adoptar actitudes de desprecio, soberbia o dogmatismo. Y en este sentido las reacciones de la mayoría de científicos alrededor del asunto han venido marcados por la prudencia, concepto con más resonancias éticas que científicas: antes de rechazar una teoría tan ampliamente aceptada como la de la relatividad hay que confirmar el experimento. Veremos qué sucede en los próximos meses, pero no estaría de más que una concepción de la ciencia más real invadiera los grandes medios y las aulas. De otra manera estamos vendiendo humo a la sociedad.

!Saludos! Como estoy total y absolutamente de acuerdo con tus palabras, Miguel, permíteme que me salga un poco del tema que estás tratando. Hoy en día se da un fenómeno muy curioso. Se podría decir que los filósofos son “analfabetos” en cuestiones científicas y que los científicos son “analfabetos” en cuestiones filosóficas. Sólo hay que leer a grandes científicos como Stephen HawKing o Richard Dawkins para ver sus carencias filosóficas. Es una delicia leer a los padres de la física cuántica. Esos sí que eran auténtico filósofos. Pero hay una cosa que me sorprende aún más. Y es la carencia (en términos generales) que poseen los filósofos con respecto a la ciencia. Sé que lo que voy a decir a continuación no posee ningún valor estadístico pero cuando hablaba en los Centros Educativos con los compañeros de filosofía detecté la escasa formación que poseían en relación a la ciencia. Pero lo que más me sorprendía no era la escasa formación, sino, el escaso interés por la ciencia. Creo que no pasaban de Aristóteles. Preguntarle a un filósofo (y repito, sólo en términos generales) lo que es un gen, o por la teoría sintética de la evolución o por cuestiones de física cuántica es francamente desalentador. Porque la pregunta que siempre me hacía era: ¿Cuál será la concepción del hombre o del Mundo que poseen si no saben qué nos está diciendo la física cuántica o la teoría de la evolución? Pero más desalentador si cabe era cuando preguntaba a los compañeros de ciencias sobre las implicaciones filosóficas de la teoría de la evolución o de la física cuántica y su única respuesta era a lo sumo un cierto encogimiento de hombros, cuando no, una cierta mirada de recelo y extrañeza. Ya saben, la típica y enervante respuesta de: ¡Es que yo soy de ciencias! Sé lo que están pensando: “Vaya hombre, y tú eres el único que sabes sobre todo”. Por favor, espero que se me entienda bien. No, no sé sobre todo, pero eso sí, deseo saberlo. Y creo que al día de hoy es necesario saber mucha ciencia (como siempre) para poder hacer buena filosofía y responder a los grandes interrogantes que demanda la sociedad. Es francamente frustrante escuchar en el tema del aborto, por ejemplo, a un filósofo hablar sobre dicho tema y que no nos hable en ningún momento del desarrollo embriológico, sobre el proceso de organogénesis, sobre el proceso irreversible de gemelación o sobre la formación de quimeras. Pero es que uno escucha a los otros, a los que sí que nos hablan sobre estos temas, y no saben ni siquiera que el concepto de persona es un concepto filosófico, y no, científico. Es más, preguntad a un científico que entiende por ser persona y verán qué contesta (aparte de tragar saliva, claro está). Y todo ello se debe, en gran medida, a la gran influencia que ha tenido el cientifismo en los últimos tiempos. Por cierto, el cientifismo es tan hijo de la ciencia como de la filosofía. Y este cientifismo nos ha llevado a separar del tal forma lo que debiera de estar unido que nos ha dejado en la situación de indigencia en la que nos encontramos en la actualidad. A esto habría que sumar la gran especialización que se ha producido en el mundo de la ciencia. Uno podrá saber mucho sobre genes pero no saber nada sobre el cerebro. O podrá saber mucho sobre biología y nada sobre geología. Se necesita volver a unificar todas las especialidades de la ciencia. Y como todo el mundo sabrá esa unificación no puede abordarse desde la ciencia. Sí, efectivamente, es la filosofía la gran unificadora e integradora de todas esas áreas de conocimiento. Un Saludo