OT: ¿una academia filosófica?
Muchos comparten una idea sobre la filosofía: se trata de una materia insoportable, encorsetada en un rigor mortis perpetuo. Perdida entre disquisiciones alejadas de la vida real, la filosofía deambula sin rumbo. Los filósofos somos gentes aburridas, “amargaos”, sin sentido del humor. Más de una vez hemos intentado defender aquí lo contrario, y la propia dinámica de este blog aspira a llevar un poco la contraria a los que así piensan. Trabajemos hoy un poco con el sentido del humor: juguemos medio en broma medio en serio a desdibujar filósofos. Es curioso ver cómo la sociedad se regodea cuando los jurados televisivos ridiculizan a concursantes: Risto Mejide parece ser el paradigma de la descalificación. La historia de la filosofía está llena de enfrentamientos entre filósofos que se dedicaban a caricaturizar y criticar adversarios, con bastante más fundamento y gracia, eso sí, de lo que lo hace el personaje televisivo. Alguna vez he visto ese tipo de actitudes incluso en tribunales de oposiciones, por no hablar de congresos en los que los grandes del pensamiento discuten entre sí. ¿Qué le diría a los filósofos un hipotético tribunal humillante en un certamen filosófico? Seguir leyendo…



Dice el diccionario de la RAE que la
Durante estos días, se exhibe por nuestro país Miley Ray Cyrus, conocida entre el público adolescente como Hannah Montana. Es difícil no toparse con ella: navegando por internet, leyendo el periódico o digiriendo el telediario. Lo más probable es que antes o después nos cuenten algo de este nuevo producto televisivo, artefacto de los cálculos mercadotécnicos. Algunas de las imágenes son abrumadoras: adolescente de 16 años acosada por miles de fans allá donde va. Si nos remitimos a la etimoología, la palabra adolescencia guarda cierta familiaridad con el adolecer. Se trata de un periodo de carencias. Algo que los “hacedores” de Hannah han invertido: han creado una chavala que se presenta ante su público como un icono, un ídolo al que imitar y seguir. Ninguna estrella adolescete es adolescente, y esta no es una excepción: la imagen pública transmite seguridad, equilibrio emocional, madurez e incluso ciertos valores morales. La publi y el disney logra que los adolescestes persigan y adoren a un modelo que psicológicamente vive en las antípodas de lo que ellos experimentan. Pero no es esta la única lección “antropológica” que podemos extraer del reclamo de la industria cultural.
Ayer asistimos a una señal más del inexorable paso del tiempo. Nietzsche se equivocaba, al menos desde la perspectiva individual: no hay eterno retorno. Muy al contrario: hay procesos que no se repiten nunca. Jamás volveremos a ser lo que fuimos. El llanto de Federer en la pista de Australia cumple el imperativo del pensador alemán: “¡Sed como niños!” La figura del niño como propuesta moral, pero aplicada de un modo que quizás no estuviera en la crítica mente de Nietzsche: el juego inconsciente e ingenuo se ha transmutado en las lágrimas de quien día a día comprueba que ya no es el campeón que era, sea porque va perdiendo sus facultades o porque otros mejoran en su juego. “Esto me va a matar“. Efectivamente. No importa que “esto” sea un récord que se le resiste al mejor jugador de todos los tiempos, que “esto” se refiera al que se ha convertido su gran rival o que “esto” sea simplemente la constatación de que se han perdido las fuerzas, de que hay una nueva generación que ha venido para sustituirte. Al final, nada de eso te mata. El tiempo se encarga, él solito, de hacerlo.