Del arte a la estética
No se sabe muy bien por qué azares del destino, hace ya unos miles de años que nuestra especie se puso estupenda y le dio por la belleza. Por dedicar parte de su animal tiempo en decorar paredes, en decorarse a sí mismos y en entablar relaciones simbólicas (a través de objetos, lugares…) con aquello que le causaba temor o aquello de lo que dependía. El caso es que llegó un momento en que esa actividad se constituyó en algo más, tomó forma y quedó institucionalizada en lo que a lo largo de los siglos denominamos “arte”. Un objeto un tanto misterioso, difícil de definir entre otras cosas porque nace de una tensión poderosa entre dos puntos de vista distintos que son los que quisiera comentar aquí: el del artista y el del espectador. La persona que produce arte no es la misma que la que lo ve: a la distancia geográfica se une a menudo una distancia temporal y cultural, y aquí está la clave para empezar a arrojar algo de luz sobre la cuestión de esta rara actividad que denominamos arte, y que hoy en día nos tiene un tanto desconcertados. Seguir leyendo…



Vivimos en una cultura icónica. El lenguaje dominante es, mal que a algunos nos pese, el de la imagen. La fotografía y el video son las tecnologías subyacentes a esta tendencia: el video nos enseña una realidad de un modo más cómodo que el texto, mientras que la fotografía nos ofrece capturas del mundo en que vivimos. No hemos tardado mucho en incorporar esto a la vida cotidiana: no hay acontecimiento que se precie que no se vea acompañado de su correspondiente álbum de fotos o película para el recuerdo. Las consecuencias de la “imaginación” de la vida (si se acepta el palabro, sería la conversión de la vida en las imágenes) afectan tanto a la cultura como a nuestro día a día, y también, cómo no a nuestro pensamiento, que tiende ya a aceptar como indudable esa sentencia que proclama la dominación de la imagen: no es sólo que esta sea verdadera, sino que “vale más que mil palabras”. Pero alejémonos de los tópicos y abordemos el asunto con palabras: ¿dónde reside la verdad de la fotografía? ¿Puede identificarse fotografía y verdad? ¿Existen fotografías que puedan calificarse de “mentira”?