¿Qué es ser un intelectual comprometido?
Hoy que se fue Mario Benedetti, más de un medio de comunicación está utilizando la expresión “poeta del compromiso” o “poeta comprometido” para definirle. Uno de los mayores logros de Benedetti fue, en mi opinión, el de acercar la poesía a todos. En cierta forma, era un poeta universal, que gozaba de cierto reconocimiento en círculos alejados de la poesía. Con todo, no pretendo escribir hoy ninguna elegía, pero sí reflexionar en torno a ese calificativo del compromiso. Este sustantivo solía asociarse a las personas que se involucraban activamente en asociaciones de tipo social o reivindicativo. El compromiso parece llevarno inmediatamente al campo de la “acción”: está comprometido el que hace algo, el que se mueve. El compromiso, en definitiva, denota cierta promesa, cierta identificación ideológica (de uno u otro signo) y cierta inquietud. El compromiso es movimiento. Tradicionalmente se pensó, quizás por cierto prejuicio marxista, que el intelectual no podía vivir coprometido. La actividad del mundo de la cultura no guardaba relación con la acción: hasta que emergió la figura del “intelectual comprometido”. Seguir leyendo…



Durante estos días, todos los
“El medio es el lenguaje“. Se trata de la frase más conocida de
Quien más quien menos ha visitado alguna exposición artística a lo largo de su vida. Esta acostumbre suele acompañarse de la consabida “guía“, en múltiples formatos: un “especialista” que nos acompaña por las diferentes salas, un folleto que recoge la información más relevante o en los últimos años unos cascos a través de los cuales escuchamos una voz experta, capaz de revelarnos los secretos de la exposición. Tendemos a pensar que esta explicación es particularmente necesaria en el caso del arte contemporáneo: no sabemos lo que tenemos ante nuestros ojos y necesitamos que nos lo cuenten. O mejor dicho: sí que lo sabemos, pero no lo comprendemos. Como si el arte no pudiera entenderse de una forma directa o intuitiva acudimos a la compañía del que sabe. No por repetida deja de tener esta práctica tan habitual su miga filosófica: ¿Necesita el arte explicación? ¿Acaso no logran transmitirnos los artistas que visitamos? ¿Por qué necesitamos que el “lógos” complemente a la experiencia estética?
A muchos la expresión arte de masas les parece una contradicción. O bien es arte, o bien es “de masas” pero los dos conceptos son difícilmente conciliables. Como si se asumiera que lo que verdaderamente puede llamarse arte incluye una serie de características técnicas y culturales que lo alejan de la gran parte de la sociedad. Frente a esta crítica, la industria cultural se encarga de generar, promocionar y vender miles de millones anuales en música, cine y literatura, productos que nacen ya orientados a ingresar la lista de superventas. El concepto adquiere nuevos significados si lo enfocamos con cierta perspectiva histórica, desde la que cabe observar un doble proceso: manifestaciones artísticas que es un día fueron aprobadas por la “masa” han dejado de ser consideradas como arte, mientras que obras de arte ya populares en su día han sido confirmadas como tales por lo que podríamos denominar “el juicio de la historia“.
El relativismo está de moda: se trata de uno de esos conceptos que logran traspasar el dominio técnico del especialista (sea filósofo, científico, literato, artista…) y se queda a vivir en el mundo donde finalmente progresa y crece. Jamás hemos vivido en sociedades escépticas, subjetivistas o historicistas. Sin embargo, sí se puede decir que vivamos en sociedades relativistas. Y no sólo por diversos síntomas que podemos encontrar en esta realidad que nos habita. Bastaría preguntar a cualquier hombre de la calle qué es el relativismo para encontrar descripciones vagas e imprecisas, pero mucho más acertadas de lo que podrían decirnos sobre el escepticismo, por poner un caso. No deja de llamar la atención la velocidad y la intensidad con la que se ha extendido esta idea del “todo vale“, que de una forma vaga e imprecisa hay quien extiende al terreno científico (teoría de la relatividad), moral (crisis de valores, falta de normas), político (hundimiento de las ideologías), artístico (todo es arte) y cultural (todas las culturas valen lo mismo).