¿Cómo afecta Internet a la filosofía? (o al revés)
No sé si los filósofos están prestando mucha atención a la red: a juzgar por las novedades editoriales no parece que sea uno de los motivos centrales de la reflexión actual. No sé si esto es un buen síntoma para la filosofía o para la red. Puede que la “eternidad” de las cuestiones que suelen ventilarse en filosofía es compatible con este tejido virtual que muta cada tan poco tiempo, que nos deja anquilosados, atados a herramientas que están superadas antes de desarrollarse por completo. Abrir un abismo entre la filosofía e Internet es una manera más de entregarse a tópicos manidos: la filosofía ha respondido siempre a las cuestiones más urgentes de cada tiempo. A buen seguro es posible (y deseable) una comunicación fluida entre filosofía e Internet: ambos saldrían beneficiados de este diálogo. Basta con darse un paseo por diferentes rincones de la web o por más de un tratado filosófico de rabiosa actualidad para comprobar que ambos, Internet y filosofía, terminarán encontrándose tarde o después. En lo que eso llega, puede tener sentido sugerir algunas vías de comunicación.



Desde hace ya un tiempo viene circulando por la red una versión tecnológica de una propuesta de la primera mitad del siglo XX: me estoy refiriendo a la 

La integración de la técnica en los ámbitos que podrían considerarse más genuinamente humanos es un proceso que viene ya de antiguo. La máquina y el hombre mantienen una larga relación de amistad, hundida en el tiempo y refrendada con cada descubrimiento tecnológico que nos ayuda a sobrevivir o a vivir mejor. Una auténtica “filía” por la tecnología que tampoco está exenta de odio: a menudo se la culpa de desastres o catástrofes de dimensiones históricas. Con el surgimiento de internet, la valoración parece más unanime: las voces críticas son menores y da la sensación de que la red fuera una oportunidad sin precedentes en lo que a la creación difusión de la cultura se refiere. La relación hombre-tecnología puede abrirse a otras perspectivas: ya no sólo la propia de la valoración moral o política de una tecnología dada sino incluso antropológica. La técnica nos ayuda a entender nuestra condición. Nos conocemos mejor gracias a la técnica, dimensión indispensable de nuestro ser. Y la cuestión de hoy proyecta esta pregunta sobre internet: ¿Nos ayuda Internet a conocernos mejor? ¿Es una buena imagen de lo que somos?