Política, redes y software
La definición más elemental de la palabra política, que se estudia en la satanizada Educación para la ciudadanía, nos remite a la organización de lo público. La reciente polémica en torno a la (mal) llamada ley Sinde pone de relieve algo que no estaba nada claro hace unos años: hoy la esfera pública es más amplia que hace quince años. Es una de las consecuencias de la red de redes: de la misma forma que la calle es de todos, también lo son las redes que tejemos entre nuestros ordenadores. Hemos tomado conciencia de ello de muchas maneras, pero especialmente al confirmar que no es posible diferenciar tajantemente entre la realidad y lo que ocurre en la red. Tal barrera es ilusoria y arbiraria: hoy sabemos que lo que hacemos delante de una pantalla puede afectar a lo que ocurre fuera y al margen de ella. Y esto va desde la participación en redes sociales para conocer amigos, encontra pareja o formar grupos de interés, a la creación de contenidos, la distribución de información ilegal o la descarga de materiales protegidos, en el mundo real, por la ley de propiedad intelectual.



Desde que nos adjetivaron con un reincidente y sospechoso sapiens hemos vivido en mundos plurales. Sociedades y universos marcados en muchos aspectos por la tecnología: el tránsito de la edad de piedra a la del bronce viene motivado por un cambio técnico. Y lo mismo nos ha ocurrido más recientemente: en apenas unas décadas hemos vivido, seguramente sin saberlo, el cambio de la
Desde hace ya un tiempo viene circulando por la red una versión tecnológica de una propuesta de la primera mitad del siglo XX: me estoy refiriendo a la 

La integración de la técnica en los ámbitos que podrían considerarse más genuinamente humanos es un proceso que viene ya de antiguo. La máquina y el hombre mantienen una larga relación de amistad, hundida en el tiempo y refrendada con cada descubrimiento tecnológico que nos ayuda a sobrevivir o a vivir mejor. Una auténtica “filía” por la tecnología que tampoco está exenta de odio: a menudo se la culpa de desastres o catástrofes de dimensiones históricas. Con el surgimiento de internet, la valoración parece más unanime: las voces críticas son menores y da la sensación de que la red fuera una oportunidad sin precedentes en lo que a la creación difusión de la cultura se refiere. La relación hombre-tecnología puede abrirse a otras perspectivas: ya no sólo la propia de la valoración moral o política de una tecnología dada sino incluso antropológica. La técnica nos ayuda a entender nuestra condición. Nos conocemos mejor gracias a la técnica, dimensión indispensable de nuestro ser. Y la cuestión de hoy proyecta esta pregunta sobre internet: ¿Nos ayuda Internet a conocernos mejor? ¿Es una buena imagen de lo que somos?