“Un imperativo que se adecuara al nuevo tipo de acciones humanas y estuviera dirigido al nuevo tipo de sujetos de la acción diría algo así como: «Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la tierra»; o, expresado negativamente: «No pongas en peligro las condiciones de la continuidad indefinida de la humanidad en la tierra»; o formulado, una vez más, positivamente: «Incluye en tu elección presente, como objeto también de tu querer, la futura integridad del hombre».”
(Hans Jonas, El principio de responsabilidad)