“Tienen razón los que ponen de manifiesto la rebelde libertad de este miembro que tan inoportunamente se entromete cuando menos falta hace y tan inoportunamente desfallece cuando más falta nos hace, que tan imperiosamente discute la autoridad de nuestra voluntad y con tanto orgullo y obstinación rechaza nuestros ruegos mentales y manuales. Sin embargo, si contra los ataques que se le hacen por su rebeldía justificando así su condena, hubiérame pagado para abogar por su causa, quizá sospecharía de los otros miembros de haber levantado contra él premeditadamente esta querella, por pura envidia de la importancia y dulzura de su uso, y de haber armado una conspiración para poner al mundo su contra, cargándole a él malignamente con las culpas de todos.”
(Michel de Montaigne, Ensayos)