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Ciencia y red

¿Es capaz de la red de impulsar el progreso científico?

¿Cuál es el impacto de Internet en el desarrollo científico" La pregunta es lo suficientemente compleja como para imposibilitar cualquier enfoque medianamente serio en una bitácora. Pero sí puede tener sentido una sencilla discusión de alguna de las ideas que con mayor frecuencia suelen aparecer como respuesta. Y es que, en muy pocos años de vida, Internet empieza a tener su propia ideología. Se ha superado ya esa alergia inicial de los grandes medios que lo veían como amenaza, y ahora se asocia a libertad, conocimiento, progreso... valores que en sí mismos deben ser profunda y críticamente discutidos. Así que nos podemos hacer una idea de lo que ocurre cuando los situamos en Internet: la confusión impera. Todos hemos podido ser adoctrinados por la teoría: la red permite crear comunidades y compartir conocimiento, de manera que el potencial de progreso científico aumenta en tanto los proyectos de investigación pueden ser coordinados desde diferentes puntos del planeta. La revolución del conocimiento ha de ser necesariamente también la revolución de la ciencia.

Como si de un mal político se tratara, parece que Internet no cumple sus promesas. O quizás habría que mirar más a según qué tipo de publicaciones pseudocientíficas, que venden maravillas futuristas que terminan por dormir el sueño de los justos. Afrontemos el asunto desde la teoría de Kuhn y Lakatos: la ciencia funciona por paradigmas o programas de investigación, modelos científicos que se van desarrollando hasta alcanzar su máxima capacidad explicativa, y que terminan siendo sustituidos por nuevas formas de hacer ciencia. Si aceptamos esta teoría, la red puede ayudar a que las comunidades científicas estén más unidas, pero eso no implica necesariamente que la ciencia vaya a avanzar más rápido o que los problemas se vayan a resolver antes. La intercomunicación de diferentes universidades, institutos superiores y centros tecnológicos no implica por sí misma un mayor conocimiento científico. Hay motivos de fondo que lo explican y uno de ellos también aparece desarrollado por la filosofía de la ciencia: el ser humano.

Las condiciones reales en las que se desarrolla la ciencia no siempre coincide con las ideales. Los laboratorios o instituciones científicas suelen requerir financiación para sus proyectos, como sucede también en el caso español: si nuestra investigación vive en una crisis permanente es precisamente por el desinterés de la política hacia la misma y por la falta de prestigio social que acompaña al desarrollo científico en nuestro país. Una muestra, en negativo, de que la ciencia no crece sólo con un ordenador enchufado a esta red de redes. Son los seres humanos los que hacen la ciencia: con sus intereses y necesidades. A veces, incluso, compitiendo con otros seres humanos con los que no puede compartir ningún detalle de sus proyectos. Y otras veces con una clara y manifiesta rivalidad, que se puede comprobar en congresos y revistas científicas y en tantos y tantos ejemplos de los que la historia de la ciencia está repleta. El científico-en-la-red es una entelequia apadrinada por "lo colaborativo". Si la red es una aliada de la ciencia habrá que buscarlos más allá de esa colaboración que se da por supuesta y no siempre se da. Pensar que Internet impulse la ciencia es como imaginar que la red de redes mejore moralmente al ser humano. ¿Podemos confiar seriamente en ello"

En la Red, como en los libros, no se da, ni puede darse conocimiento, sólo es una fuente de posibilidad del mismo. Y no se da porque el conocimiento no es algo dado sino algo "buscado". Lo cual implica una “marcha” por parte del sujeto. Y dicha “marcha” no pende única y exclusivamente de unos datos dados en la Red. Un Saludo