Contra Nietzsche: la mentira de la genealogía
Entre los muchos méritos que hemos de reconocer a [1] Friedrich Nietzsche, está el de ser uno de los primeros en aplicar una forma de pensamiento tremendamente crítica: la genealogía. El significado de esta palabra nos pone en la pista de su esquema general: las investigaciones del filósofo alemán se fundamentan en profundos estudios de tipo histórico y filológico. A través de los restos literarios que nos han llegado, por poner un ejemplo, Nietzsche es capaz de estudiar el significado originario de las palabras. La comparación de textos y la evolución de términos marcan, desde estas coordenadas, los cambios culturales que se han ido produciendo. De esta manera, alcanza Nietzsche un resultado sorprendente: la cultura occidental se ha construido sobre una enorme traición: los valores originarios han sido sustituidos por otros bien distintos. El judeocristianismo y la moral universal socrática son los grandes culpables de este olvido imperdonable. Tras este análisis, llega el momento de la acción: la consigna es, como no podría ser de otra manera, recuperar lo originario, la autenticidad, la forma de vivir verdaderamente humana.
Este “retorno a la verdad” que nos propone Nietzsche a partir de sus estudios genealógicos no está exento de polémica. Hemos de extender la sospecha cuando uno de sus maestros, capaz de argumentar que debajo del concepto de verdad se esconde la voluntad de poder, nos invita a aceptar una propuesta o una teoría como verdadera. Rasquemos un poco en el método genealógico: a mi entender se trata de un método imprescindible para conocer lo que hemos sido, en un sentido más amplio del puramente biológico: qué hemos sido en ámbitos como la cultura, la ciencia, la filosofía, la religión… La gran aportación de la genealogía es sacar a la luz el devenir. Ciertamente se pueden descubir incoherencias y traiciones, y ayuda en un proceso tan revelador como necesario: tomar conciencia de lo que somos, de dónde estamos. No es de extrañar que la genealogía haya mostrado su fecundidad no sólo en la filosofía de Nietzsche, sino en algunos de sus seguidores, como por ejemplo Foucault y algún que otro autor contemporáneo. En su desarrollo, esta forma de pensamiento incluye un innegable potencial crítico que hemos de valorar positivamente.
Sin embargo, hay un momento falso en toda la propuesta genealógica: la identificación de lo originario con lo verdadero. Podemos detectar traiciones en la historia, giros y vueltas en las ideas y en los hechos. Sin embargo, no hemos de asociar necesariamente cada uno de estos giros con la traición y el abandono de “lo auténtico”. Un ejemplo sencillo puede clarificar esta crítica: cuando Galileo rompió con los modelos científicos precedentes, no estaba proponiendo una teoría falsa. En esa “traición” científica había mucho de verdad: era una “traición” necesaria, por así decirlo, y ninguna reconstrucción de tipo “genealógico” de la historia de la ciencia se mostrará partidaria de que volvamos a los tiempos en que los griegos pensaban que la tierra era plana. Por mucho que se diga que “el que da primero da dos veces” no podemos asociar esa originariedad con la verdad. Mezclamos dos planos completamente distintos: cuándo se formula o está vigente una forma de vida (lo “originario”, lo “auténtico”) y si esa forma de vida, teoría o propuesta es verdadera o válida o, por el contrario, no lo es. En resumen: habría que decirle a Nietzsche que lo primero no es mejor por el hecho de ser primero. ¿O no es así?
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] Friedrich Nietzsche: http://www.boulesis.com/didactica/apuntes/?a=212
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