Crear de la nada
Sobre la posibilidad de "crear" · Filosofía
Una de las ideas más importantes de David Hume afirma que todas nuestras ideas proceden de la experiencia. En lo filosófico, la consecuencia de esto es que no hay ideas innatas, recuperando en cierta manera aquella comparación de la “tabla rasa” de Aristóteles (que por cierto, es recuperada por algunos psicólogos actuales, precisamente para criticarla). Si aceptamos el símil, nacemos como una libreta en blanco en la que vamos (y nos van) escribiendo palabras y mensajes que después utilizamos para elaborar nuestros propios mensajes. El asunto trasciende la discusión filosófica y especializada y apunta directamente al núcleo mismo de otro acto bien distinto que habitualmente damos por supuesto: la creación humana. Si todo lo que conocemos procede de la experiencia, ¿hasta qué punto puede crear el ser humano? ¿No será la creación una mera imitación, una copia, o como mucho una sutil inspiración?
El tema ha sido discutido la semana pasada en una de las clases de Filosofía y ciudadanía. Los detractores de la creación argumentaban que todo es, en suma, composición. Así como los animales mitológicos son una mezcla de animales reales, también lo que se nos presenta como una creación artística es en realidad una combinación de experiencias, ideas, estilos… de manera que nadie crea nada. A lo más, reinterpretamos, actualizamos. La ciencia o la tecnología son también imposibles sin la inspiración que podemos recibir de nuestro entorno. Encontramos en la naturaleza fenómenos que posteriormente nos sirven para desarrollar nuevas teorías e inventos. La imaginación humana, si aceptamos estos argumentos, sería bastante más limitada de lo que habitualmente creemos. No se trata de menospreciar el arte, la ciencia o la tecnología sino tan sólo de situarlos en su contexto adecuado: hay quienes piensan que ninguna de estas disciplinas es capaz de “crear” de la nada, sino tan sólo relacionar ideas, conceptos, impresiones…
Como suele ocurrir en la filosofía esta es sólo una de las caras del asunto, y son también legión los defensores de que el ser humano sí es capaz de crear. Admitiendo, por supuesto, la influencia de experiencias, conocimientos, ideas… de todos los componentes de la cultura que se nos puedan pasar por la cabeza. Por mucho peso que ejerza sobre nosotros la cultura, hay seres humanos que dejan a la posteridad objetos que antes no existían y que no se pueden reducir a una suma o una componenda de experiencias previas. El Quijote incluirá necesariamente ciertos rasgos de la vida de su autor, pero no es una mera copia o un “constructo” literario a partir de jirones de realidad. No copiamos la realidad, sino que la creamos, la constuimos, la transformamos. Y en eso consiste precisamente el arte, la ciencia y la tecnología. La creación, ¿es un mito o por el contrario una de las peculiaridades humanas que solemos asociar al genio? Dependiendo de la respuesta, quizás tendríamos que dar la razón a Hume y dejar de hablar de los grandes “creadores” de la humanidad y empezar a llamarles grandes “componedores” o “constructores” de la realidad. Eso sí: seguro que hay algún sustantivo mejor…


