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Crítica: entre la conservación y el progreso

Breve caracaterización del pensamiento crítico y su relación con el mundo político · Filosofía


Hoy vamos a hablar de una palabra tan usada como desconocida: la crítica. Usada, sí, porque todos la oímos demasiadas veces, tantas veces que quizás su abuso sea una forma de debilitar lo que ella implica. No tengo nada claro que corran buenos tiempos para el pensamiento crítico, y sin embargo se nos repite (hasta los políticos lo dicen, y ellos son los menos interesados en este tipo de pensamiento) hasta la saciedad: tenemos que ser críticos. Por eso digo también que es una palabra desconocida. Utilizando su acepción ordinaria (que, curiosamente, es la número 12 en el diccionario de la RAE) tenedemos a pensar que la crítica es descalificación, rechazo y que su fin último es sacar a la luz los defectos de una persona, idea o hecho. Nada más lejos de la realidad, si hablamos de la crítica filosófica.

La misma etimología nos lo deja bien clarito: tengo oído que la palabra “crítica” proviene de un verbo griego (Krinein) que significa separar, y que incluso nuestra palabra “criba” conserva la misma raíz. La crítica, entonces, no consiste en “negativizar” (valga la expresión) aquello de lo que estamos hablando, sino también en “positivilizarlo”. Es decir, saber separar aquello que puede ser valioso y beneficioso de lo que no lo es. El problema, como tantas otras veces, es que estamos acostumbrados a la crítica política o televisiva, basada mucho más en el insulto y la descalificación que en la argumentación. Los adalides del pensamiento crítico (periodistas, tertulianos, políticos…) son, curiosamente, los que menos ejercitan una crítica equilibrada, medida. El exabrupto suele dar más minutos de televisión, es pura carnaza intelectual.

Si alguien fuera consecuente con la breve explicación que se acaba de presentar, podríamos replantearnos el uso tan tendencioso que se hace (particularmente en política) de adjetivos tan difusos y ambiguos como “progresista” y “conservador”. Independientemente de que los medios hayan logrado que identifiquemos a ciertos partidos políticos con ambas etiquetas, todos deberíamos ser ambas cosas. Si somos realmente críticos, seremos conscientes de aquellos aspectos de la realidad que son positivos, que han sido logrados a lo largo de la historia y representan un avance para la sociedad. Todo eso debe ser conservado. De la misma forma, una crítica libre será también progresista, es decir, señalará y denunciará aquello que aún falta, aquellas situaciones de injusticia, desigualdad o simple carencia que deben ser reparadas. Todo eso debe ser transformado. Y si hay partidos políticos (o personas individuales) que se definen como “conservadores” o “progresistas”, podemos extraer una conclusión bien sencilla: tales partidos o personas no practican la crítica. Los conservadores no se dan cuenta de lo que debe cambiar, ni los prorgesistas valoran lo conseguido hasta ahora. A ver si al final va a resultar que vivimos en un país de mucha etiqueta (política y de otros muchos sentidos) pero con muy poca crítica…

§ | Miguel | 9/Mar/2007 | 13:11 | Añadir comentario | Añadir trackback

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4 comentarios a “Crítica: entre la conservación y el progreso”

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Benjamin:¿Es el progreso el tren que nos lleva hacia no se qué futuro dorado en no sé cuál sendero luminoso o la existencia de algún freno de emergencia que nos permite poner coto a una velocidad indebida que nos levanta ya dolor de cabeza? Recordemos la paloma de Kant: para volar precisa de resistencias. Esa resistencia ¿es conservadora o progresista?.

Progresismo(progre) y conservadurismo(carca, facha) son conceptos con poco sentido, salvo el performativo: son magníficos instrumentos de insulto que sustituyen y preceden en ocasiones al golpe físico. Por lo frecuente,además de carentes de sentido, se tornan ya aburridos (pero se sigue utilizando con tal función con lo que se demuestra la falta de crítica hasta en el insulto).

§1 | Luis González | 9/03/2007 | 13:27

Hola:

Somos la asociación de estudiantes de filosofía de la Universidad de Costa Rica, y hemos agregado este blog a nuestra sección de blogosfera filosófica.

Saludos.

§2 | AEFUCR | 9/03/2007 | 18:03

Bien que crítica signifique “separar” más que “negativizar” (valga la expresión), si así lo preferimos. Pero parece un ejercicio un tanto vano el quedarnos en esa mera separación, y aceptación conformista de todos los términos separados. Como si la actividad intelectual no fuese más que “analítica”.

Además, la etimología de “crítica” (Corominas) tiene que ver con “decisión”, con “juzgar”, con “facultad de juzgar”, es decir con la elección de de alguno de los términos separados.

Eso de “elegir lo mejor de cada parte” es un poco engañoso, y desde luego contemporizador (nada más opuesto a la crítica), pues esta expresión indicaría que la crítica aún no ha finalizado en cuanto a su dimensión analítica. Es decir si se aprecia que cada parte separada tiene algo que puede ser mezcla de aspectos negativos y positivos, ha de seguirse con la tarea crítico-analítica hasta que todas las posibles partes estén “clara y distintamente” expuestas para su “elección”.

No hay duda que la crítica conlleva un componente de decisión de elección, de juicio. Criticar no “negativizar” solamente, bien, pero tampoco sólo “ver” mejor que antes”.

La idea de conservadurismo tiene que ver con aceptar las cosas tal como han venidos dadas, con conservar el modo en que las cosas han ocurrido en el pasado o “in extremis” tal como ocurren en un supuesto estado de naturaleza, sin intervenir en los mecanismo que han hecho y hacen que las cosas sean como son. (No intervención: liberalismo)

La idea de progresismo tiene que ver con renunciar abiertamente al modo en que las cosas se han ido dando y más aun si esos modos son aquellos para los que tenemos una “supuesta” predisposición natural. Es necesario corregir (intervenir) el modo natural de comportarse el ser humano y progresar hacia estrategias distintas.

Así de esquemática, esta separación nos presenta de modo claro cada una de las dos opciones, ante las cuales hay que elegir, decantarse. Ni todos los matices del mundo añadidos a estas dos ¿”definiciones”? serían suficientes para obviar nuestra “obligación” crítica de elegir. Por cierto eso es lo que creo que hacen nuestros partidos políticos añadir tantos matices a su ideologías de fondo que parece (a sí se oye ya el tópico por la calle) que no izquierdas ni hay derechas. Es la loca carrera hacia el centro del espacio político, en la que a nuestros representantes parece obsesionarles la idea de deshacer lo que la crítica ha hecho: dejar claramente definidas las posturas.

Pero Miguel nos plantea un dilema mucho más sutil. Dilema, creo entender, más para el progresista que para el conservador: ¿Deben conservarse los modos de hacer que en el pasado hayan traído, sobre la base del progreso, algún bien para la humanidad?.

Sinceramente creo que no. En este sentido las ideas de progresismo y conservadurismo son atemporales, carecen o han de carece de historia. Pensemos en logros del pasado como pudo ser el ascenso del Nacionalismo. Idea romántica donde las haya y progresista, en su día, a no poder más. Cuestionaba de arriba abajo el estatus de dominación de los súbditos bajo el yugo del imperio y proponía una nueva concepción de la ciudadanía y de la soberanía más sujeta a contextos de vida a escala más humana. Hoy los nacionalismo han perdido lustre, ya no proporcionan los contextos de ciudadanía que antaño fueron salvíficos y la idea de Estado-Nación se derrumba por momentos. Y así cualquier ejemplo.

No se me ocurre que haya que conservar nada por el mero hecho de haber sido enriquecedor en el pasado, si en la actualidad ha dejado de serlo. Desde la perspectiva progresista no existen modos buenos por el hecho de haberlo sido. La estrategia, más bien, sería huir de lo que no ha funcionado.

§3 | Alberto | 10/03/2007 | 12:45

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