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Cuando la economía hundió la política

Chivos expiatorios en tiempos de crisis · Actualidad


Los números no nos cuadranEn las últimas semanas se vienen sucediendo diversos análisis de las medidas de recorte que están tomando los países de la Unión Europea. No son pocas las voces que han proclamado el fin de la política y su derrota más absoluta respecto a la economía. Cuando se actúa, dicen, bajo el imperativo de los mercados o las necesidades financieras, se están doblegando los intereses públicos de todos a los privados de algunos pocos. En este planteamiento se esconde una valoración polarizada: la economía, se nos viene a decir, es responsable de todos los males occidentales y la política, por su parte, es el ángel bueno de la película, que trata de compensar con su sabia intervención los desmanes de la economía. Da la sensación de que volviéramos a la tierra media, y que las huestes del mal pelearan a brazo partido con unos pocos elegidos que portan la esperanza de todos. Ponerle un poco de épica al periódico de cada mañana no está nada mal, si lo que pretende uno es pasar un rato divertido y ameno. Pero cuando se va de “periodista”, “articulista” o “tertuliano”, debería mantenerse cierto rigor.

Satanizar la economía es empobrecedor: no sólo metafóricamente sino también de un modo literal. Para empezar, implica desconocer que la economía nace de algo tan perentorio como el cubrir necesidades. Eso que suele gustarnos tanto como alimentarnos no pasar frío, etc. En Aristóteles se encuentran ya reflexiones económicas, que no son más que orientaciones sobre la buena gestión del hogar. La economía no es el maligno, ni una fuerza oculta y conspiradora: es la manera en la que producimos, distribuimos y consumimos recursos. No pretendo decir con esto que sus efectos sobre la sociedad o la política sean neutros o inexistentes: al contrario, son esenciales para comprender muchos de los fenómenos de nuestros días. Pero convertirla en “responsable” de la crisis es una estrategia similar a culpar a la gravedad de la caída sufrida después de saltar de un tercer piso. De los políticos, pero también de los periodistas, siempre se espera una capacidad de análisis un poco más profunda y rigurosa.

Cuando el crecimiento del producto interior bruto español era continuado, oh casualidad, nadie “culpaba” a la economía de ello: la política era la que lograba que el sistema funcionara. La consecuencia me parece sencilla: la política y la economía no tienen por qué entenderse como contrapuestas. Son fuerzas concurrentes dentro de sistemas complejos. Está la política y está la economía, pero también la sociedad, la cultura, la religión, el arte, las tradiciones… Hay una red de elementos interactuando entre sí que debería impedir los enfoques unidimensionales de los problemas. En vez de satanizar la economía, quizás debiéramos tomar conciencia de su importancia y asumir que es uno de los pilares de la sociedad. No el único, ni necesariamente el más importante, pero sí lo suficientemente relevante como para no convertirla en víctima propiciatoria de nuestros problemas. Decir que la política está a los pies de la economía es demagogia. Creer que la economía puede dominarlo todo y vivir al margen de la política es propio sólo de un megalómano. Y seguro que todos podemos poner cara a más de un demagogo o un megalómano que andan en estos días por los medios de comunicación.

§ | Miguel | 9/Jun/2010 | 17:26 | Añadir comentario | Añadir trackback

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4 comentarios a “Cuando la economía hundió la política”

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Muy cierto lo del reparto de papeles: la política es buena, porque se ocupa de las personas; la economía es mala, porque todo lo fía al vil metal. Lo asombroso es que aún haya quien siga dispuesto a creerse semejante patraña. Alguien habló de los tristes tiempos en que es necesario luchar por lo evidente. Esos tiempos son todos, éste incluido. De manera que afirmemos alto y claro lo evidente: no hay política auténtica que no sea económica, y no hay economía auténtica que no sea política.

http://antoniolopezpelaez.com

§1 | Antonio López-Peláez | 9/06/2010 | 22:14

Pecando tal vez de estricto entiendo que más que de economía habría que hablar de sistemas económicos, concretamente del capitalismo que es el que nos ocupa pues es el que rige nuestro sino estos días.

§2 | josep m. fernández | 10/06/2010 | 01:18

¡Hola Josep!
En la dirección que sugieres pretendía ir el texto: con las “vacas gordas” nadie miraba mal ni al capitalismo, ni a los “mercados”, ni a los “especuladores”. Es de suponer que de los tres ha habido siempre, pero sólo se les apunta con el dedo ahora.

La idea de fondo es que no es de recibo satanizar el capitalismo o pretender, a estas alturas, revertirlo en poco tiempo. O mejor dicho: se le puede satanizar, pero siendo coherente con ese discurso durante un periodo de tiempo razonable, que es lo que no hacen ni políticos, ni expertos, ni periodistas.

La crítica al capitalismo es tan necesaria como la propuesta de alternativas. Pero siempre en un contexto complejo: por mucho que les pueda doler a los antisistema, el mundo no es un cotarro mangoneado por los presidentes de cuatro multinacionales. Las cosas son mucho más difíciles que todo eso. El capital tiene una fuerza tremenda, ciertamente, pero también la tienen los organismos políticos o los propios medios de comunicación. No se nos puede olvidar sumarle otra influencia esencial: la de cada ciudadano. El consumismo o la instalación en ciertos niveles de bienestar hacen que una mayoría “disfrute” de este sistema capitalista sin mayores cuestionamientos.

Un saludo…

§3 | Miguel | 10/06/2010 | 19:36

Yo también llevo toda mi vida adulta (y buena parte de mi infancia) escuchando quejas, imprecaciones y reniegos de todo tipo contra el capitalismo… Pero, como bien apunta Miguel, las alternativas brillan por su ausencia. A menos que queramos seguir el luminoso ejemplo de Corea del Norte, claro. Simpre nos quedará Kim-Jong-II.

http://antoniolopezpelaez.com

§4 | Antonio López-Peláez | 11/06/2010 | 19:36

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