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Cuentos y leyendas

Sobre la extensión viral de la información (falsa)
La semana pasada recibía un mensaje de alarma: algún bienintencionado internauta había decidido alertar a su lista de contactos del peligro que se corría en la ciudad. El mensaje incluía cierto dramatismo, más aún si tenemos en cuenta que le había ocurrido a él mismo: encerrado en el denso tráfico de una calle céntrica de la ciudad, su coche sufrió el ataque de un par de individuos que se bajaron del coche, le rajaron una rueda. Tras la pertinente denuncia, la "guardia urbana" aconsejaba entre otras cosas, llevar las puertas del coche bien cerradas y otras tantas cosas apropiadas para evitarlo en el futuro. Instantáneamente el mensaje me recordó a aquel otro en el que se advertía de ciertas bandas nocturnas: "si ves un coche sin luces por la noche, no les des las largas, pues de hacerlo te darán una paliza o te matarán". y eso por no hablar de la infinidad de tragedias y situaciones apremiantes que se descargan todas las semanas en mi correo, solicitando una colaboración altruista y generosa. En la era digital, los bulos circulan por las autopistas de la información.

Hay un par de aspectos que me gustaría resaltar: en primer lugar la repercusión de estos mensajes. El usuario "medio" de internet los elimina automáticamente, pero no son pocos los que "pican" el anzuelo y contribuyen a crear grandes listas de potenciales víctimas de spam y timos variados. Con todo, la expansión de estos bulos es rapidísima. Hecho que podríamos poner en relación con la estructura de la web, de la que hablábamos hace unos días. Si hablando en términos porcentuales, un grupo reducido de páginas reciben la mayoría de visitas, parece que el impacto de la iniciativa individual en la red está bastante amortiguado. ¿Cómo es posible entonces que estos mensajes logren ser reenviados a tanta velocidad" El segundo aspecto llamativo es el miedo como motivación: este tipo de noticias alarmantes se reenvían a mayor velocidad que otras, y quizás pueda explicar esto su repercusión. El resorte del miedo aumenta la expansión de la noticia: estamos predispuestos a llevarnos las manos a la cabeza antes que a pensar en la posible falsedad de la información.

Internet es hoy, entre otras cosas, el lugar de las leyendas urbanas y los mitos virales. El aligator de la taza del baño convive amistosamente con la sonrisas del payaso, la banda del coche con las luces apagadas y otros tantos peligros que asolan las grandes urbes. Sería esta una particularidad hermosa, si los mitos tuvieran otro calado, si nos remitieran a otros mundos más fantásticos y a su vez más concetados con la realidad. Cuántas cosas se pueden aprender de cuentos y mitos. ¿Qué aprendemos, por el contrario, de la historia de las bandas que rajas neumáticos" Poca cosa. La tradición oral dio paso a la escrita. El boca a boca como única garantía de la información dejó paso a los pergaminos y los papeles. Hoy, los cuentos y las leyendas se lanzan a través de la red, en correos electrónicos que esconden demasiado rápido a sus creadores. Los alumnos suelen decir, entre bromas, que "anónimo" es uno de los mayores autores de la historia de la literatura. Ahora se dedica, por lo que se, a enviar mentiras a través del correo. Los tiempos cambian.