Darwin, metáforas e interpretaciones
En el segundo centenario del fundador de la evolución · Filosofía
Respondiendo al meme lanzado desde la SFPA, vamos a proponer algunas ideas sobre la teoría de la evolución de Darwin, con la excusa del segundo centenario de su nacimiento. La teoría de la evolución es un ejemplo clásico de esas grandes aportaciones a la historia de la ciencia que son asombrosamente sencillas. Al menos en su formulación general: llegar a la conclusión de que hay más seres vivos que alimentos y que, en consecuencia, tan sólo sobreviven los mejor adaptados es tan ingenioso como evidente. Otra cosa es el enorme trabajo científico que hay detrás y sin el cual no resulta tan inmedata la conclusión científica: si para el común de los mortales lo más conocido de Darwin son las tesis principales de la evolución, no es de extrañar que las pruebas zoológicas y el trabajo de campo realizado en los viajes con el Beagle es la actividad genuinamente científica. Las evidencias aportadas por Darwin en su libro son el verdadero fundamento de su teoría, y no la simplicidad de sus tesis, por mucho que puedan considerarse intrínsecamente racionales y principios elementales de la naturaleza.
Evidentemente, la teoría queda manca con la caracterización anterior: es necesario complementar la “selección natural” con la “acumulación de variaciones” que décadas después recibirían el nombre de mutaciones genéticas. Seguimos con ideas sencillas: los genes se mezclan de un modo aleatorio y la naturaleza “escoge” las mejores combinaciones. El mayor problema del darwinismo y de su versión contemporánea reflejada en la teoría sintética de la evolución es sin duda las controversias ideológicas que lo han acompañado. Interpretar la propuesta evolucionista como un ataque a la religión es, cuando menos, arriesgado: se trata de un texto científico que responde preguntas científicas. Darwin no hace teología, ni está contestando a la pregunta por el origen del mundo. Su teoría explica los mecanismos de cambio de las especies. Nada más y nada menos. Y lo hace sin necesidad de recurrir a ningún tipo de ser sobrenatural, tal y como corresponde a la ciencia. ¿Por qué se empeñan algunos en ver conflictos insolubles?
En los últimos años, la teoría del diseño inteligente se ha disfrazado de neodarwinismo. A mi entender, se trata de una traición al espíritu de la teoría. Lo que Darwin quiere explicar es cómo han llegado a formarse algunas especies, utlizando para ello conceptos de tipo biológico. La clave del darwinismo es que la naturaleza puede explicarse sola, que el azar y la necesidad pueden convertirse en fuerzas motrices, como desarrollaría décadas después Monod en su famoso libro. Cualquier otra teoría no es fiel al darwinismo, y podrá presentarse como alternativa, pero no como darwinista. El darwinismo rechaza la finalidad en la naturaleza, afirmando la posibilidad de explicar los seres vivos sin diseños o planes prefijados. Otra cuestión es que la propia teoría incluya metáforas que deben formar parte de la reflexión científica y filosófica. Entre ellas incluiría, fundamentalmente, la de “selección natural”. El propio lenguaje traiciona a una teoría que pretende escapar de seres trascendentes: ¿Quién selecciona y con arreglo a qué criterios? Puede que la pregunta sea falsa y simplemente haya que limpiar el concepto: no tiene sentido preguntar por el quién, sino por el cómo, teniendo en cuenta que la selección carece de finalidad, intención o dirección. La metáfora se cuela en la ciencia, el lenguaje nos juega estas malas pasadas. Sin embargo, esto no justifica que se denoste a Darwin ni que se la manipule a nuestro antojo. Su legado está en el Beagle, alejado de las polémicas creadas por los que no quieren entender.
P.D: aprovecho para hacer publicidad de la pequeña exposición sobre Darwin que puede visitarse en mi centro, fuente original de la imagen


