De Marx a Nietzsche: ¿Cabe esperar un futuro mejor?
Desde hoy está publicado en nuestra web el [1] examen de selectividad de filosofía de junio de 2009 de las Universidades de Castilla y León, que los alumnos pudieron realizar ayer. Este año, los autores seleccionados han sido Marx y Nietzsche. Sorpresa habemus: por primera vez, que yo recuerde, se rompe un pacto tácito (hace algunos años escrito) según el cual, entre los diez autores de la comunidad, solía entrar en el examen un autor de antigua y medieval y otro de moderna y contemporánea. Y más sorpresas todavía: había una errata en el examen (corregida en el texto publicado), y los alumnos se vieron obligados a tachar una de las lineas del texto de Marx. Es esta, sin duda, una de las maneras de cuidar nuestra asignatura: escogiendo un examen “inesperado” (por decirlo de un modo suave) y olvidándose de algo tan sencillo como repasar el que va a ser el examen de selectividad de miles de alumnos de nuestra comunidad. Así somos, y así nos va. Cada cual sabrá qué es lo que está haciendo, desde su puesto particular, en favor de la filosofía. Dejemos de lado los avatares de nuestra asignaturas, los exámenes y los “gestores” y “dueños” de la filosofía. Quisiera hoy aprovechar la ocasión para abordar uno de los asuntos del examen, en el que se pide a los alumnos que comparen dos autores o corrientes entre sí. Puestos a relacionar, vamos a comentar posibles relaciones entre los dos autores del comentario, tratando de plantear la pregunta que preside esta anotación: ¿Cabe esperar un futuro mejor para la humanidad?
La visión marxista de la historia viene marcada por la dialéctica. Aunque la palabra pueda asustar un poco, no significa más que el desarrollo dinámico de la historia, con avances y retrocesos, momentos peores y mejores, enormes ciclos de siglos en los que los procesos económicos, sociales y culturales se entrecruzan y superponen. No en vano, Marx heredó esta idea de Hegel. Para ambos los movimientos históricos están sometidos a leyes escondidas, que van promoviendo, sin que necesariamente el ser humano sea consciente de ello, ciertas condiciones que permiten hablar de “progreso histórico”. Resumiendo: Marx estaría convencido de que la historia se conduce a una nueva configuración política, el comunismo, en la que el sistema asambleario, la autogestión de los recursos y la colaboración entre seres humanos en favor de la igualdad efectiva serán una realidad. La historia nos reserva entonces un futuro estado de felicidad, igualdad y justicia, en el que la organización política de la sociedad contribuya de una forma decisiva a la realización del ser humano. Hay un fundamento racional para esperar un mundo mejor, que no es otro que la situación actual de opresión, miseria y explotación. Cuando la desigualdad sea insoportable, el sistema se romperá dando paso a una nueva formación social. La miseria y la injusticia de hoy es la fundemantación de un mañana mejor que ha de llegar.
Esta dimensión casi “profética” del marxismo nunca estuvo exento de polémica: para quienes interpretaron que la propuesta de Marx era una ciencia no les encajaba demasiado bien. Y tampoco a Nietzsche: la espiral que en cierta forma podríamos asemejar a la tesis de la dialéctica histórica de Marx es convertida por Nietzsche en un anillo descomunal. El concepto del eterno retorno no sólo tiene un sentido físico o cosmológico, sino también histórico: las generaciones se suceden, los cambios sociales y económicos parecen protagonizar nuestr presente, pero no son más que una mera apariencia. Que todo cambie para que todo permanezca. El gemido de la humanidad a punto de nacer se viene escuchando a lo largo del infinito tunel circular del acontecer humano. La historia nos ha reservado el mismo destino que existe para la vida individual: ninguno. La actitud crítica del marxismo hacia ciertas instituciones sociales o actividades humanas como la religión aparecen también en Nietzsche. Sin embargo, esa “esperanza” marxista en un mundo mejor es machacada por el autor de La genealogía de la moral: tan absurdo es sacrificar la propia vida en favor de una vida eterna como hacerlo por una hipotética sociedad comunista, en la que además el individuo terminaría anulado, obligado a orientar sus deseos, actividades y fuerzas a las necesidades del grupo. El comunismo implica también la sumisión del hombre, idea inaceptable para Nietzsche: el superhombre vive Más allá del bien y del mal, por encima de la ilusión religiosa y el engaño político. ¿Cuál de los dos nos convence más? ¿Es racional confiar en que el mañana mejorará al hoy? ¿O se trata de una estrategia más, de una escapada para dar un sentido trascendente que nos haga olvidar que la vida carece de sentido y nos libre de aceptar esta idea y llevarla a sus últimas consecuencias? ¿Qué papel juega la educación en esta pregunta? Ahí están los textos de Marx y de Nietzsche para argumentar. Tan frescos ayer como hoy.
P.D: en próximos días, publicaremos por aquí una propuesta de solución completa del examen.
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] examen de selectividad de filosofía de junio de 2009 de las Universidades de Castilla y León: http://www.boulesis.com/didactica/examenes/?a=263
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