¿De qué igualdad es este ministerio?
Ni siquiera han pasado seis meses desde en nuestro país se instauró el [1] Ministerio de igualdad. Desde entonces no ha faltado la polémica: desde los escarceos lingüísticos de su titular hasta sus estrafalarias ideas, parece que una de las funciones de esta nueva institución (que tendrá asignado, es de suponer, varios millones de euros de presupuesto) fuera la de dar rienda suelta al folclore político en el peor sentido de la palabra, con cortinas de humo y salidas de tono que tienen entretenido al país mientras otras circunstancias debieran quizás recibir más atención: en lo que nos echamos unas risas con los fistros, los guays y las miembras no reparamos en otras vergüenzas públicas y privadas. Por debajo de todo esto hay una cuestión que sí tiene interés y sobre la que habría que reflexionar: ¿qué es la igualdad? O dicho de otra forma: ¿Qué tipo de igualdad debería perseguir el nuevo Ministerio?
No sé bajo qué concepciones de la igualdad entre hombres y mujeres pueden defenderse ideas como bibliotecas exclusivas para mujeres o cursos de universidades destinadas únicamente a mujeres. Si esa es la igualdad perseguida, podríamos renombrar la institución como Ministerio del revanchismo histórico. Y es que no faltará quien piense que las mujeres deben devolver los golpes de la historia: si durante siglos han sido perseguidas, oprimidas y marginadas, quizás haya llegado el momento de que los hombres prueben de su propia medicina. La función del nuevo Ministerio sería, entonces, aprobar medidas que generen desigualdad y que sitúen a la mujer en una situación de privilegio y ventaja. Si no queremos utilizar eufemismos sería más honesto denominarlo Ministerio de desigualdad, para que todos sepamos de qué va el tema.
Hay, sin embargo, otra forma de entender la igualdad quizás más democrática, y más propia del siglo XXI que estamos inaugurando. Parece más propio buscar la igualdad de oportunidades, fomentar modelos educativos no sexistas ni excluyentes, y fijar medidas que pongan en la misma situación a hombres y mujeres a la hora de acceder a los puestos de responsabilidad. Tampoco está de más buscar fórmulas que permitan, a hombres y mujeres, conciliar su vida laboral con la familiar. Ideas que no son, ni mucho menos, novedosas, sino que hunden sus raíces en un espacio que aparentemente no han explorado en el nuevo Ministerio: no es difícil encontrar estas recomendaciones en textos clásicos del pensamiento feminista como los de Simone de Beauvoir, Wollstonecraft… Como parece que esta no es la línea ministerial, más nos vale irnos preparando: la igualdad vacía, revanchista y estéril subvencionada por el erario público puede dar una vuelta de tuerca el día que un hombre sea ministro de igualdad. Dejándose llevar por la estupidez, sugerirá bibliotecas exclusivas para hombres y cursos universitarios a los que sólo puedan acceder los varones. Eso sí que es igualdad.
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] Ministerio de igualdad: http://www.migualdad.es/
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