Deberes laborales y olas polares
El profesorado en cuestión... · Enseñanza
A estas alturas hablar de la ola polar puede parecer cansino. Los que la hemos sufrido (antes o después) estamos ya un poco hartos de invierno. El caso entre los docentes de la provincia de Burgos es particularmente llamativo: la ola polar de finales de enero fue especialmente severa con esta provincia (salió en todos los telediarios 3 días seguidos) y en el instituto (como en tantos otros centros educativos) las clases se suspendieron durante tres días. Justo antes de la ola polar, se recibió una llamada de la Dirección provincial de educación de Burgos, aconsejando no correr ningún tipo de riesgos. Lo curioso es que la semana siguiente, todos los centros de la provincia recibieron una carta (en pdf), en la que se recordaba que, según la ley de funcionarios de 1964, todo funcionario está obligado a residir en la ciudad de su centro de trabajo, por lo que se pedía que en el futuro el equipo directivo informara de los profesores que faltaban, y que, en consecuencia, se enviara una lista con los que faltaron entre los días 24 y 28 de enero.
Dejando de lado la clara contradicción que hay entre un mensaje y otro, parece que se olvidan también principios básicos de la Cosntitución española (artículo19), ley posterior (y que yo sepa de superior rango) a la de 1964. O, por poner otro ejemplo, del artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, ésta anterior a la ley de 1964, y quizás a los ojos de algunos menos importante que la ley de los funcionarios. Se olvidan, ya que estamos, de la Ley 5/1992, que pretende “facilitar la permanencia y autonomía, en el medio habitual de convivencia, de individuos y familias, gestionándoles atenciones de carácter doméstico, social, de apoyo psicológico y rehabilitador”. Y, puestos a poner datos encima de la mesa, el consejero de educación de la comunidad habló en su última comparecencia de “un profesorado que necesita más que nunca el reconocimiento, la valoración social y contar con un entorno profesional gratificante, como corresponde a un sistema eficaz y a una escuela capaz de conseguir los fines, las metas y los objetivos que la sociedad y el sistema esperan de ella.”
Y lo que más me molesta de todo este asunto, es la desconfianza respecto a nuestra labor que subyace al intento de saber quién está y quién no está en su instituto el día en que tu ciudad amanece con más de 30 centímetros de nieve y el suelo está completamente congelado. Por lo visto, se debe pensar (lo he oido muchas veces) que somos unos vagos, y que a la mínima tratamos de ausentarnos de nuestro trabajo. Muchos de mis compañeros viven en Burgos y en Vitoria, y todos los españoles vieron cómo estaban las carreteras durante aquellos días (cortadas). Fueron días de caos circulatorio y de alerta máxima en la provincia. La forma de potenciar ese “reconocimiento y valoración social” es, por lo visto, controlar quién llega y quién no llega al instituto.
El pasado martes Miranda despertó con una capa de nieve de unos 10 centímetros y las carreteras heladas. En la A-I hacia Vitoria se cruzaron varios camiones y algunos compañeros llegaron pasadas las 10 de la mañana. Otros compañeros de Burgos no pudieron llegar hasta pasadas las 11. Muchos alumnos estuvieron las 2 primeras horas en un centro al que no podía llegar el suficiente personal para atenderlos (por ello, más de uno y más de dos se fueron a sus casas). ¿Acaso no hubiera sido más prudente suspender las clases y no exponer las vidas de personas en condiciones adversas? Nadie se atrevió, después de la circular recibida el 3 de febrero. Supongo que el día en el que tengamos que lamentar algún accidente o alguna muerte, todos nos llevaremos las manos a la cabeza y nadie citará la ley de 1964. El reconocimiento, la valoración social y el “entorno profesional gratificante” del profesorado consiste, parece ser, en jugarse la vida en las carreteras los días en que protección civil recomienda viajar sólo en caso de extrema necesidad. O en que una ley que va en contra de uno de los artículos de los derechos humanos te obligue a vivir separado de tu mujer y de tus hijos.



