¿Degrada la tecnología el lenguaje?
El hecho es ya conocido: basta visitar cualquier foro (incluso los de esta misma página), para darse cuenta del impacto que la tecnología tiene sobre el lenguaje. Lo “trágico” es que todo esto tiene un efecto desbordamiento: cada vez menos alumnos escriben la palabra “que” (sustituida por una solitaria “q”) y nadie se molesta en perder su tiempo con la palabra “por”, pudiendo suplantarla por una sencilla “x”. Es normal: si Cervantes hubiera tenido móvil, el Quijote empezaría así: “N 1 lugr d l manch d qyo nmbr no qiero acordrm…”. Y su protagonista sería, claramente, “dn kijot”. Los caracteres por mensaje están limitados, y hay que tratar de expresar el máximo número de cosas, con el menor contenido. Destrozamos la semántica y la sintaxis del lenguaje, supeditándola a la pragmática. A no ser que estemos dispuestos a pagar un dineral escribiendo nuestros mensajes a móviles con las reglas de la RAE.
¿La tecnología empobrece el lenguaje? Para muchos así es. Los “SMS”, los mensajes en los foros, los correos electrónicos… Parece que en todos estos casos sólo contara la utilidad del mensaje, y no la forma o la organización interna del mismo. Todo recibimos correos electrónicos mal redactados, con errores de bulto (no erratas, sino errores). Lenguaje de usar y tirar, es lo que se gesta a menudo a través de la red. La época de la comida rápida ha generado también el lenguaje rápido, y esto para muchos es tremendamente perjudicial. Y no se trata de llevarse las manos a la cabeza: el problema es bien distinto. La pobreza lingüística es a la larga pobreza intelectual. El que no sabe expresar algo, sencillamente no sabe sobre ese “algo”. Perder lenguaje es perder léxico, perder capacidad de pensamiento, ya que ambos (lenguaje y pensamiento) están íntimamente entrelazados.
Otros piensan que no es para tanto. El lenguaje que nace en el marco tecnológico es sólo una rama más del frondoso árbol lingüístico, un barrio más (adoptando la metáfora de [1] Wittgenstein) de la enorme ciudad del lenguaje. No queda muy lejana la polémica que desató en su día [2] García Márquez y las [3] reacciones al mismo. A menudo el lenguaje se enmaraña en normas gramaticales, sintácticas, ortográficas… que terminan dificultando la comunicación (función primordial del lenguaje). Y ahí está internet y los móviles para limpiar toda esa suciedad normativa y obtaculizadora. Sobre todo las complicaciones proias de “haches”, de “bes” y de “uves”. En internet todos se comunican y sólo una minoría respeta las normas, lo cual vendría a mostrar su ineficacia. Sin embargo, creo que estos argumentos son desmesurados: hay ciertos mensajes que exigen del lector un enorme esfuerzo comprensivo, precisamente porque no respetan el código establecido. El lenguaje es también reflejo de la realidad, y degradarlo es degradar la realidad misma y, por qué no, al mismo oyente o lector. Ya lo dijo [4] Heidegger en su día: el lenguaje es la casa del ser.
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] Wittgenstein: http://www.ideasapiens.com/autores/Wittgenstein/
[2] García Márquez: http://www.elcastellano.org/gabo.html
[3] reacciones: http://www.elcastellano.org/gabop12.html
[4] Heidegger: http://personales.ciudad.com.ar/M_Heidegger/
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