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Desde la igualdad a dos mundos opuestos

Absolutismo y comunismo partiendo de la igualdad de todos los seres humanos · Filosofía


Uno de los aspectos curiosos y llamativos de la filosofía es que a través de los libros podemos asistir al discurrir de las ideas. Y una experiencia tan común como chocante es la que va a centrar la anotación de hoy: partiendo de presupuestos similares se alcanzan conclusiones totalmente opuestas. Lo cual quiere decir, evidentemente, que alguna idea se cruza entre medias para poder acabar en puntos tan distantes. Existen ejemplos en todas las ramas de la filosofía, pero hoy vamos a fijarnos en uno relacionado con la filosofía política: Hobbes y Marx. Las ideas esenciales de ambos autores son irreconciliables, y su concepción del estado y la política es contradictoria. Allí donde Hobbes dice seguridad y absolutismo, aboga Marx por una sociedad comunista, en la que cada comunidad decida por sí misma en sistemas asamblearios, poniendo en práctica la autogestión de sus recursos. ¿Cómo llegar a tal distancia, cuando el punto de partida es el mismo, a saber, la igualdad entre todos los seres humanos?

Empecemos por Hobbes. Todos somos iguales por naturaleza, y estamos dotados, aproximadamente, de cualidades similares. Tenemos por tanto los mismos derechos, y las diferencias son tan sutiles que jamás podrán garantizar o justificar que algún ser humano domine sobre el resto. Siendo esto así, cada uno está en su derecho de tratar de satisfacer sus deseos, sin ningún tipo de limitación al respecto. Como consecuencia natural surgirá la competencia y el conflicto de intereres por lo que se terminará inevitablemente en una guerra “de cada hombre contra cada hombre”, en la que todos salen perdiendo. No tardarán mucho en darse cuenta de los beneficios de un estado absoluto, fruto de la cesión por parte de todos de algunos de sus derechos y libertades. La nueva institución trabajará primordialmente para que todos los ciudadanos gocen de la seguridad indispensable para llevar adelante su propia vida. Valga la siguiente ecuación: “igualdad+ser humano autointeresado = absolutismo”.

Muy similar es la explicación tradicional del marxismo en lo tocante al comienzo de la historia: la igualdad es, por naturaleza, la propiedad esencial y definitoria de todos los seres humanos. Nacemos todos iguales, y en igualdad vivíamos en el comienzo de nuestra historia, en armonía con nuestro entorno natural y también con el resto de seres humanos. Hasta que un día, a alguien se le ocurrió decir que algo era suyo. Poner cercas, delimitar propiedades. El descubrimiento de la propiedad privada situó a los hombres en una carrera sin final, en el que todos los demás son siempre competidores. Esto va generando diferentes sistemas económicos que se construyen sobre la explotación del hombre sobre el hombre, y que se encargan de mantenerse en el tiempo generando los correspondientes sistemas políticos y culturales que los justifican. Pero Marx no se conforma con esta evolución de la historia: está convencido de que antes o después llegaremos a una nueva época, en la que se recupere aquella situación inicial en la que no había propiedad y la convivencia igualitaria era la condición de posibilidad de la realización humana. Marx cambia la ecuación: “igualdad+egoismo” = “explotación que se verá superada por el comunismo”. Marx y Hobbes, autores que presuponiendo lo mismo, defendieron modelos políticos distintos. En qué punto se desvían sus teorías, y cuál de las dos está más cercana a la verdad. Cuestiones para el debate…

§ | Miguel | 26/Oct/2011 | 15:13 | Añadir comentario | Añadir trackback

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2 comentarios a “Desde la igualdad a dos mundos opuestos”

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Tomas Hobbes es un filósofo del siglo XVII mientras que Marx en un filósofo del Siglo XIX. Y dos siglos dan para mucho aunque se parta de algún presupuesto común.
Aunque bueno, el problema que plantea Miguel sigue en pie. Cómo es posible que dos pensadores coetáneos, y partiendo de presupuestos comunes, puedan llegar a sistemas económicos, políticos, sociales o filosóficos diferentes.

Siempre que leo sobre un determinado sistema político, económico, social o filosófico siempre intento, y antes de abordarlo, contestar a la siguiente pregunta: ¿Qué concepción posee ese pensador sobre el Hombre y sobre la Naturaleza?
La respuesta que se dé a esa pregunta servirá de guía para poder entender el sistema creado por dicho pensador.

Aunque hay una cuestión que me llamó poderosamente la atención en el artículo, y es, cuando se dice: “…y cuál de las dos está más cercana a la verdad”.

Contestar a esa pregunta no es nada fácil. Es más, creo que no se puede contestar a ella. O mejor dicho, no se puede contestar a ella a priori. Tendrá que ser la experiencia (a posteriori) la que responda a dicha pregunta.

La realidad posee dimensiones que nos permiten darle un sentido. Y por tanto, nos abre todo un mundo de posibilidades. Pero para ello tendremos que dar un rodeo por la irrealidad. Partiendo de la realidad actual, y mediante el esbozo (irrealidad), planteamos y sugerimos nuevas posibilidades (económicas, sociales o políticas) para el ser humano.

Ahora bien, tendremos que “probar” mediante la experiencia dichos sistemas para poder juzgar su grado de verdad. Pero su verdad dependerá del grado de adecuación a la concepción del hombre que poseamos y a las expectativas del mismo.
Y por eso es tan importante responder primeramente a la pregunta de qué es ser hombre. Y para ello son tan necesarias las ciencias naturales como las sociales.
Ahora bien, si por verdad se entiende la existencia de un sistema ideal, sistema con el cual, tendremos que dar penosamente a lo largo de la historia, pues entonces considero que dicha concepción es insostenible. No existe un sistema político o económico que sea verdadero, en el sentido de que lo sea, porque se adecua a un presunto sistema político o económico ideal.

Por ejemplo, para mí, y en el caso del hombre, existen tres dimensiones que posee el hombre, que si no se tienen en cuenta, pues entonces, cualquier sistema político, económico o social, acabará fracasando.
Dichas dimensiones son la individual, la social y la histórica.

El sistema comunista fracasó porque en su formulación sólo priorizó la dimensión social respecto a la individual y a la histórica. Es decir, el sistema comunista acaba con el individuo y con la historia.

Pero es que el sistema liberal también ha fracasado (al menos para mi), eso sí, su agonía y muerte, serán mucho más lentas. Y porqué. Pues porque este sistema prioriza la dimensión individual sobre la histórica y la social. Es decir, el sistema liberal acaba con la sociedad (entendida ésta como el ámbito de con-vivencia humana) y con la historia.

Tanto el uno como el otro, y en lo que respecta a la dimensión histórica, consideran que se llega a un estadio definitivo con sus propuestas. Lo cual es falso de raíz. La historia es algo que no tiene final. Y no lo tiene porque el hombre es algo constitutivamente abierto y dinámico, y por tanto, su dimensión histórica también es abierta y dinámica.

Personalmente considero que es la experiencia humana la que al final juzga todo sistema.

Sé que algunos podrán estar pensando que todo sería tan fácil como “diseñar” un sistema (político, social o económico) que se adecue a las dimensiones humanas que hayamos establecido previamente.
Pues bien, el problema estaría en el cómo se articula modelo y dimensiones, y por tanto, y para ello, es necesaria la experimentación histórica. Pero es que además, llegar a establecer las diferentes dimensiones humanas que hay que tener en cuenta a la hora de diseñar un determinado sistema, es algo que se consigue mediante la experiencia histórica. Y nada nos dice que no puedan surgir nuevas dimensiones. La realidad, y en todas sus dimensiones, es algo constitutivamente abierto. La realidad es algo que siempre está dando de sí.

§1 | elias | 27/10/2011 | 09:59

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[...] de las ideas dominantes de su tiempo: la racionalidad no es lo que nos define, sino la igualdad (tema del que hablábamos hace unos días). Porque somos todos iguales, en según qué fragmentos parece casi que “mediocres”, y no [...]

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