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Dos teorías (cotidianas) sobre los afectos

Que los sentimientos son uno de los temas universales de la literatura, el arte e incluso la filosofía, es algo de lo que no caben demasiadas dudas. Y que son también los protagonistas de muchas conversaciones informales es algo que la mayoría de nosotros hemos experimentado. En más de una conversación de este tipo me he encontrado con dos teorías que andan bastante extendidas. Por eso puede tener sentido presentarlas aquí y proponer una discusión extensa de estas ideas, de manera que las afinidades personales no nos impidan intercambiar argumentos. Siempre es mucho más fácil (quien sabe si más acertado o precisamente más erróneo) hablar de situaciones generales que de los casos particulares, que no renuncian al mal gusto de tener nombres y apellidos y ser además de carne y hueso. Lo más curioso de las “teorías” que voy a comentar es que me parece difícil que ambas sean verdaderas a la vez. Es decir, que o bien aceptamos la teoría de los círculos concéntricos, o bien admitimos la de la amistad imposible. Defender las dos teorías a la vez puede dejarnos en una situación delicada.

Vayamos con la primera teoría. Según esta nuestra vida afectiva vendría a ser como una diana: un centro rodeado por círculos concéntricos. Para facilitar la explicación, dejaremos de lado a nuestros familiares. Circunscribiéndonos a los amigos, en el exterior estarían todos nuestros conocidos y compañeros de trabajo, gentes con las que podemos mantener una relación superficial. En el siguiente círculo, llamémosle intermedio, habitarían todos aquellos con los que tenemos algo más de relación: no son “amig@s” en el sentido más estricto de la palabra, pero nos importan más que los conocidos. En el tercer círculo, estarían los amigos de verdad, esos que se pueden contar con los dedos de una mano, los que saben cómo somos y las cosas más importantes que nos han pasado. Aquellas personas con las que, sin mantener una relación sentimental, compartimos un grado muy alto de intimidad y confianza. La tesis de los círculos concéntricos afirma que si un hombre y una mujer están situados en este círculo (llamémosle “círculo de la amistad”) jamás llegarán a dar el salto al círculo central, no podrá existir una relación sentimental entre ambos. Los monólogos suelen resumir esta teoría en una frase: “no quiero perder un amig@ para tener un novi@”.

Veamos ahora la teoría de la amistad imposible: mucho más sencilla que la anterior, se limita a defender que la amistad pura entre hombres y mujeres no es posible. Siempre hay una parte que espera algo más de la otra, que guarda la secreta y escondida esperanza (casi nunca reconocida) de dar “un paso más”, de manera que si esto no ocurre la amistad tiende a diluirse en el tiempo. Como decía un poco más arriba, ambas teorías me parecen incompatibles: o bien no es posible una amistad “verdadera” entre hombres y mujeres (y siempre hay un tinte “sexual” en las mismas) o bien esa amistad sí es posible e incluso se puede convertir en una condición para no llegar a tener una relación sentimental. ¿Son estas teorías fruto de la casuística o podríamos hablar de tendencias generales en la organización y funcionamiento de los sentimientos? Todos sabemos el peso que han ganado los sentimientos dentro de la psicología, pero ¿cabe un estudio “científico” de los mismos? Al margen de las experiencias que tengamos cada uno, a lo mejor hay algún psicólogo en la sala que nos pueda echar en la mano, sin que ello impida, ni mucho menos, que podamos aportar ejemplos o ideas tomados de la literatura, el arte, la filosofía


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