Duplicar el trabajo
En los últimos tiempos, vengo dándole vueltas a todo este tema de las bitácoras aplicadas al mundo de la educación. Y me preguntaba, entre otras cosas, qué pasara el día en el que yo, o cualquier otro de los profesores que mantienen una bitácora, digan aquello de ?hasta aquí hemos llegado? y entonen el ?adiós muchachos?. Y no por dejadez, ni tampoco porque todo esto no tenga sus aplicaciones, sino por una sencilla razón: la falta de tiempo. Las circunstancias personales de cada uno pueden contribuir a que se puedan dedicar muchas horas a todas las cuestiones de las nuevas tecnologías, pero también pueden hacer inviable esta tarea. Y puestos a elegir, si tenemos que optar por hacia dónde dirigir nuestros esfuerzos, creo que la primera opción de todo profesor deben ser sus alumnos reales, los de carne y hueso, con los que se ven las caras todos los días.
Y es que toda esta explosión de las TIC es, en algunos aspectos, una duplicación de la tarea cotidiana de cualquier profesor: de vida cotidiana y temas tratados en clase se nutre la mayoría de las veces todo lo que por aquí aparece comentado. Lo cual quiere decir que al tratamiento del asunto que se haga en clase, se une después, el trabajo ?complementario? de llegar a tu casa, redactar todo (o parte) de lo hablado, y subirlo a la bitácora. ¿Es realmente útil esta duplicación del trabajo? Espero que se me permita expresar mis dudas: creo que una inmensa mayoría de los que leen esto no son alumnos míos, y que, por tanto, la actividad bitacoril desarrollada en estos dos años tiene menos impacto en el aula de lo que se podría imaginar. Las razones son muchas: falta de medios en los centros y en las casas? (sobre este polémico tema, ya [1] hablé aquí en su día)
El caso es que esta duplicación o virtualización del trabajo se va imponiendo de un modo progresivo: tener páginas web de nuestros centros educativos es una obligación (casi de tipo moral), y cuantas más cosas de nuestro trabajo sean públicas mejor. Se trata, en el fondo, de criterios económicos que se imponen también en la educación: en un país con poca natalidad y escaso número de alumnos, hay que tener buena imagen. Y la red será, cada vez más, uno de los mejores escaparates. El lugar de la buena imagen, diría yo. ¿Hacia dónde nos lleva todo esto? Pues a ningún buen sitio. Para empezar, porque la buena imagen no es sinónimo de calidad. Hoy en día a muchos centros les importa más la opinión de los padres que la calidad educativa. Y, en segundo lugar, porque esta ?virtualización? del trabajo que se nos va a imponer consiste, en el fondo, en una duplicación inútil del trabajo. ¿Qué os parece a vosotros?
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] hablé aquí: http://boulesis.com/boule/nota/372_0_1_0_C/
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