Economía del suspenso
¿Logrará la propuesta del MEC reducir el fracaso escolar? · Enseñanza
En estos días el Ministerio de Educación ha anunciado que flexibilizará la promoción en el bachillerato como medida para solventar el fracaso escolar. Según ha anunciado la ministra, aquellos alumnos que suspendan 4 asignaturas o menos podrán pasar de curso, matriculándose de las pendientes de 1º y de las que estimen oportuno de 2º. En palabras de la ministra esto no supondrá una rebaja en el nivel de exigencia del bachillerato, sino que tan sólo pretende que no se penalice a aquellos alumnos que han aprobado algunas asignaturas de bachillerato, “castigándoles” a repetir dicha asignatura. La propuesta no es exactamente el “bachiller por asignaturas” (“rumor-globo sonda” que circuló por los periódicos hace unos cinco meses), pero sí que introduce cambios significativos. Para empezar, será difícil calcular el nivel de fracaso escolar, porcentaje que la ministra considera intolerable e insostenible en nuestro actual sistema educativo. No sé si los estadistas ministeriales incorporarán al alumno que pasa con 4 a la lista de alumnos que “promocionan” (es decir, que pasan de curso), así, sin más. Lo que sí se me ocurre es que la medida puede tener efectos adversos. Veamos por qué.
Por mucho que ciertos sectores educativos y sociales satanicen el bachillerato, todos los profesores que impartimos esta etapa hemos asistido a esta escena. Pepito de tal. Le quedan tres. El caso es que es un tipo trabajador. Venga anda, apruébale mi asignatura y que pase con dos pendientes. Quien no lo haya escuchado en una evaluación de bachillerato que levante la mano. Pues resulta que gracias a la nueva medida, el alumno en cuestión no pasará con dos pendientes (una de ellas aprobada en circunstancias especiales) sino con 3. Como va a pasar igual, el profesor tendrá muy poca disposición a levantar su suspenso. A corto plazo se reduce el fracaso, sí, pero ¿qué ocurre a largo plazo? Que el bueno de pepito pasó a segundo con tres (o cuatro) pendientes, que está en unas clases con unos compañeros y en otras con otros, que no se identifica con ningún nivel educativo, y que arrastra carencias de base que le imposibilitan continuar el bachillerato. Antes o después, pepito abandona el bachillerato. El efecto buscado, queda invertido.
Y es que los profesores de bachillerato, por lo general, no son ogros deseando devorar alumnos suspensos. Valoran el esfuerzo y la dedicación, y tratan de favorecer a los alumnos que durante el curso se esfuerzan, trabajan y contribuyen a que el ambiente de clase sea positivo. No son pocos los alumnos que terminan sacando el bachillerato (en tres o cuatro años, de acuerdo, pero lo sacan) gracias a la “ayuda” del profesor que aprueba tal o cual asignatura en circunstancias excepcionales. En 7 años de docencia, he visto levantar asignaturas con 2,5 en los exámenes. Esta tendencia “empática” (por llamarla de algún modo) quedará neutralizada con el nuevo decreto: si mi alumno suspenso tiene otras tres, pues que pase con 4. Total, así tengo garantizada más clientela para el curso que viene. Un efecto que conocen bien los economistas: a veces las medidas para crear empleo generan paro a largo plazo. Las decisiones que pretenden rebajar los precios, pueden terminar generando una subida inesperada. ¿Ocurrirá lo mismo con la economía del suspenso?


