Educación y democracia
La vida educativa está llena de instituciones que pretenden extender las reglas de la democracia al sistema educativo: claustro de profesores, elección de delegados, consejo escolar, comisión de convivencia, comisión económica, comisión de coordinación pedagógica, departamentos didácticos… El profesorado vive una parte no insignificante de su vida laboral reunido. Con otros compañeros, con padres, con alumnos, con equipos directivos. La vida educativa está llena de espacios para la participación a los que se quiere exportar, sin una reflexión previa, el funcionamiento político de la democracia. Existen asociaciones de madres y padres, de alumnos, comisiones de lo más variado, y en todos ellos la regla de la mayoría es el criterio de decisión adoptado. Aquellas viejas barreras entre profesores, alumnos y padres han quedado obsoletas: todos somos ahora ocupantes de un mismo barco, en el que los rumbos vienen marcados por el famoso 51% o, si este no es posible por una mayoría simple, que no es lo mismo pero es igual.
En todo este proceso ha de haber sus luces y sus sombras, claro, pero quisiera hoy llamar la atención sobre dos de las sombras más marcadas, más oscuras. Como provocación (quizás alguien pueda sugerirme las luces más iluminadoras…) y también como una pequeña reflexión sobre lo que supone la democratización de la enseñanza. Para empezar me da la sensación de que esta democratización es una imposición política: la baja participación de los padres en las diferentes AMPAS, el desinterés general hacia el consejo escolar (jamás vi aparecer al representante del Ayuntamiento), y la casi nula implicación de los alumnos es una muestra más de que este sistemas de tanta reunión, consejo y consenso es una maquinaria más de producir documentación que la mayoría de las veces no va a ningún lado. Pero ¡ay de aquel centro que carezca de la misma, que no tenga el papel correspondiente que atestigüe la reunión de marras! Y eso por no pensar por el funcionamiento de este tipo de organismos a nivel autonómico o nacional. ¿Quién maneja el cotarro en el consejo escolar autonómico o en el nacional? Viendo la participación en las bases del mismo, prefiero no pensarlo pues quizás me pasara por la cabeza la idea de que esto de la democratización de la enseñanza significa en el fondo politización y división partidista de la misma.
Hay una segunda consecuencia cuando menos controvertida: se ha desprendido una especie de ética democrática que concibe el profesor y al alumno como dos partes iguales involucradas en la educación. Y eso es así hasta el punto que los alumnos se atreven a cuestionar las prácticas de los profesores, sin darse cuenta de que si el profesor decide implantar tal o cual libro de lectura o poner lo exámenes de esta o aquella manera no es por su capricho personal, sino porque está convencido de que es el mejor modo de que los alumnos aprendan. Crítica o cuestionamiento que a veces es respaldado por las familias hasta el punto de que lo que antes era un barco democráticamente tripulado se convierte ahora en un barco amotinado en el que parte de la tripulación acusa a la otra parte de pretender hundirlo. Y no me estoy refiriendo a decisiones disciplinarias que puedan ser más o menos discutibles, sino a aspectos metodológicos y didácticos, en los que las personas que no saben se atreven a poner en entredicho y a descalificar a los que saben, y que en algunos casos llevan ya un tiempo realizando profesionalmente una actividad. La asimetría entre la persona que sabe y pretende enseñar y el que no sabe y desea (o no) aprender es borrada de un plumazo por una democratización más entendida. ¿Hasta qué punto queremos una enseñanza democrática? ¿Qué condiciones debe reunir? ¿Ha de estar sujeta a limitaciones?
P.D: la imagen está tomada de [1] este enlace.
Anotacion impresa de Boulé: http://www.boulesis.com/boule
Enlaces que aparecen en esta anotación:
[1] este enlace: http://www.igooh.com.ar/Nota.aspx?IdNota=7890
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