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El animal que fabula

Reivindicación de la imaginación
Aquella proclama de "la imaginación al poder" no resultaba a mi entender tan novedosa ni tan revolucionaria. Como frase publicitaria puede lograr cierto efecto, para qué negarlo, pero dista mucho de guardar cierta relación con la realidad. Y digo esto porque la imaginación, la fantasía y la fabula forman parte del ser humano desde que éste comenzó a separarse del resto de primates en la escala evolutiva. Somos animales imaginativos, soñadores, fantasiosos. Tan sólo podemos achacar a un olvido imperdonable o a una traición del máximo nivel el que nos consideremos animales racionales o que estemos dispuestos a aceptar que nuestra vida se caracteriza por la racionalidad argumentativa, demostrativa o matemática. De hecho no faltan quienes se muestran convencidos de que la ciencia es una construcción sistemática de la razón, en la que no queda sitio para la pasión, la fantasía o la imaginación. Dimensiones humanas que se desprecian, en el mejor de los casos, como una especie de ocupación didáctica o pedagógica, alejada de la seria y rigurosa actividad del científico profesional.

El mayor problema que han de superar este tipo de interpretaciones positivistas o analíticas de la ciencia o del ser humano es que no superan la más liviana reconstrucción de nuestro pasado. El "Eureka" es el grito apasionado de quien de repente ha sufrido una especie de revelación. Una experiencia similar a la de aquel homínido que nos precedió y que intuitivamente vislumbraba que debía existir alguna manera de dominar esa luz poderosa y destructora a la que llamamos fuego. Nuestro pasado está marcado por la imaginación, que es la que nos ha sacado de la absoluta necesidad y carencia. No hay conocimiento sin un cierto margen para el sueño y lo imposible, sin un horizonte de ficción que los amantes de la racionalidad pura gustan de llamar hipótesis. Trabajamos siempre sobre el sueño, sobre el cuento, sobre lo provisional. La historia de la ciencia es la del cuento de la lechera, con la particularidad de que el genio humano ha logrado hacerlo realidad en algunos campos. Supongo que existirán estudios evolutivos al respecto: ¿alguien se atreve a formarse la imagen del ser humano sin imaginación"

La ciencia empírica y demostrable se trastoca en un juego de imágenes, de concepciones del espacio, el tiempo, la materia, los campos electromagnéticos. Conceptos que sometidos a un instrumental matemático muestran su eficacia, por supuesto. Pero eso no los convierte en dogma, ni borra ese nacimiento humilde y ensoñador. La literatura es sueño, también el arte o el juego. Lamentablemente, nos han enseñado que la ciencia es razón, que crece alejada de la subjetividad, del sentimiento o la pasión. ¿Cómo eliminar este prejuicio tan moderno como hundido en un sistema educativo que parte a la mitad a quien se adentra en sus entrañas" Difícil misión. Somos el animal que fabula (verbo relacionado con el hablar, por cierto), que sueña, que imagina. Necesitamos de Homero tanto como de Arquímedes, de Neruda lo mismo que de Einstein o Planck. No son más que soñadores todos ellos: cada uno en su campo, partiendo de sus intereses y motivaciones personales. ¿Acaso es posible una creación humana valiosa alejada de la imaginación" ¿En qué condiciones, bajo qué supuestos" ¿Encontramos algún ejemplo histórico" La imaginación lleva en el poder, afortunadamente, miles de años. No en el político, pero sí en el reino de la creación humana: ciencia, arte, disciplinas humanas. Todas beben de la imaginación. No hay vida sin fábula.

P.D: la anotación de hoy viene algo encriptada, y será comprendida sin problemas por los alumnos de CTS, que se quejaban hoy por la mañana de la obligación de estudiar literatura e historia. Los mismos que estaban convencidos hace unos meses de que la ciencia es demostrable y empírica. El resto de los lectores, podrán entenderla con poco esfuerzo: a buen entendedor, pocas palabras bastan.

Un ejemplo - no se si a la inversa . Poe, el padre de la narración fantástica moderna, era un apasionado de la ciencia y de la descomposicón racionalista de la fantasía. Su célebre poema EL CUERVO, maravilla de la intuición poética, Poe nos lo narra como si de un artefacto técnico se tratara, analizando sus figuras, su modos...

Decías que nos han enseñado que la ciencia es razón, peor aún.. Hay quiénes, como los cientificistas, piensan que todo lo que no pueda ser demostrable por una fórmula matemática, todo lo que no pueda ser experimentado, no es cierto, no tiene valor, que el saber científico y tecnológico tiene primacía sobre cualquier otro. Y así es como cada vez se le da menos importancia a la filosofía, que, desgraciadamente, cada vez menos personas la estudian.