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El arte de lo feo

No siempre la belleza habita en los museos

Quizás no basta con una ligera reflexión para decir que lo feo juega un papel importante en el arte: tendemos de manera intuitiva a emparentarlo con la belleza. Se sabe que en sus orígenes guardó el arte cierta relación con un intento pseudoreligioso de controlar la naturaleza: el temor ante lo desconocido y la conciencia de nuestra absoluta dependencia respecto al medio en que vivimos nos llevó a "homenajear" a fuerzas incontrolables. Pinturas rupestres, máscaras, figuras totémicas y posteriormente edificios consagrados a la protección divina. Miles de años después de que los primeros sapiens comenzaran a crear obras de arte, la belleza pareció dominar dicha actividad. El arte, entonces, mejoraba el mundo al ofrecernos una imagen perfeccionada del mismo. Esta asociación ha triunfado en el inconsciente colectivo: la expresión más utilizada ante cualquiera de las obras maestras de la pintura o la escultura es "qué bonito", dando por sentado que lo que solemos incluir en esta expresión tan vaga ("bonito") ha de gustar necesariamente. Una especie de "actitud natural" estética que deja de lado un dato insoslayable: el arte se encarga también de lo feo.

El esteticismo es uno de los principios que ha funcionado en el arte desde tiempos de los griegos: lo bueno ha de ser necesariamente bello. Sin embargo, eso no quiere decir que lo feo esté desterrado de la producción artística: muy al contrario ocupará un lugar importante en la representación de "lo malo". En todas las obras "moralizantes" y en aquellas que pretenden transmitir mensajes religiosos aparecerán personajes feos que representan el mal, o motivos recurrentes como el infierno o la condenación exigirán del artista un ejercicio imaginativo en el que la fealdad ha de conjugarse con el arte. En otros casos, en los que no hay esa intención moral, lo feo sirve como contrapunto para destacar aún más la belleza del resto del cuadro. Si nos fijamos en estos sencillos ejemplos deberíamos desterrar (o al menos aplicar con cautela) el adjetivo "bello" o "bonito" del terreno del arte. O dicho de otra manera: algo puede ser feo y artístico, o puede ser feo y gustarnos.

Lo feo ha ido cobrando protagonismo en el arte. Al menos desde el siglo XIX varios artistas han intentado poner de relieve lo más feo del ser humano y del mundo. Una curiosidad: a muchas de las corrientes que han tratado de dejar sitio a lo feo dentro de sus creaciones se les ha tildado de "realistas" (en algunos casos con adjetivos, como el realismo sucio), como si admitiéramos que este mundo que vivimos y nosotros mismos somos feos. Más aún: la fealdad en el arte encierra dentro de sí una capacidad crítica: nos recuerda precisamente que no vivimos en un mundo perfecto, y que la realidad no se puede plegar a nuestros criterior estéticos, morales, lógicos o políticos. Lo feo está ahí, ocurre, sucede, y escamotearlo sería una manera de negarlo a los ojos de todos. Manifestando lo feo y lo que nos desagrada el arte realiza una de las funciones sociales que ha asumido durante mucho tiempo: apuntar aquello que podría (y quizás debería) ser de otra manera. Idealizar el mundo es hacerse cómplice de su injusticia o del horror que lo caracteriza. Representarlo es un primer paso para cambiarlo. Y eso por no hablar de los artistas que simplemente optan por lo feo como forma de expresión, sin ningún tipo de pretensión crítica, social o moral. Arte feo, en definitiva. ¿Podemos repetir ante sus obras el viejo cánon de "qué bonito""

Hola Miguel, después de leer tu anotación me queda la duda (por desconocimiento o incultura, seguramente) de si es posible calificar alguna expresión artística de "bonita" o "fea" de manera objetiva. Más aún, el hecho de asociar bonito y bueno, tampoco me acaba de encajar. Pienso en algunos avances tecnológicos que probablemente no se ajusten a los cánones estéticos pero son buenos, ¿no?.

¡Hola! Bueno, esta es otra: qué es lo "bonito" (o bello) y qué es lo feo es harina de otro costal. Quizás para los partidarios del arte feo, no sea éste tan feo, sino en realidad, hermoso, bonito, bello. Pero entonces tenemos un problema serio: cuando lo bello y lo feo se confunden hasta la total indiferencia ambas palabras pierden su sentido. El tema de lo bello y lo bueno es una de las ideas de los griegos. Decían, mucho ojo, que lo bello es bueno, pero no que sólo lo bello sea bueno. Es más, hay otras muchas cosas que también son buenas (y aunque esta sea una tesis más moderna algunos avances tecnológicos podrían incluirse, faltaría más, entre lo bueno). La intuición de los griegos es que la belleza nos hace mejores, que es "buena" para nosotros en sentidos tan dispares como la educación o la moral. Algo que, por cierto, se ha discutido y criticado (mucho) siglos después...