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El arte sin poder

Sobre el arte desamparado y su autenticidad · Arte/cultura


El tango, un ejemplo de arte nacido al margen del poderHay quien se alimenta del arte. Quien lo necesita para vivir. Como si existiera un gen de la creatividad, de la capacidad de innovación. Hay personas capaces de fundar una nueva realidad con su voz, con un instrumento entre sus manos o con los movimientos de su pincel. Y es verdad que muchas de estas personas han vivido amparadas bajo algún tipo de poder o apoyo económico. Es posible que sin esta ayuda sus obras no hubieran llegado a nuestros días. Pero hay otros artistas, otras formas de arte, que se mantienen sin esta ayuda. La belleza puede también nacer en la indigencia, en los estados de necesidad. El arte sin mecenas ha existido siempre y a menudo ha terminado convirtiéndose en arte clásico. A menudo nos referimos a ello como “arte popular”. El arte de los desposeidos cuenta con unas características especiales entre la que cabría destacar, por ejemplo, la carencia de medios. Hacer arte de la nada, una manifestación más del genio humano. Se trata de creaciones basadas en el instinto, en el impulso creador y, a menudo, en capacidades técnicas extraordinarias. En estos casos el arte huye del salón y la academia, de la institución, y se va de fiesta a la calle, al barrio o al arrabal, donde toca, canta, baila, pinta o recita poemas improvisados.

Pero a veces la vida da la vuelta a las cosas. Resulta que el arte marginal, el de los desheredados termina a veces “cuajando”, extendiendo sus mensajes y sus formas. Las clases más favorecidas pueden comenzar despreciando este arte, pero al cabo del tiempo terminan rendidos a sus pies: los “tablaos” flamencos, los fados o el tango (en cada caso habría que introducir sus matices correspondientes) son un buen ejemplo de este proceso. Comenzaron siendo manifestaciones artísticas marginales, bailes propios de las clases más humildes, y han terminado llenando los teatros más prestigiosos del mundo. En todos estos casos el arte se interna en el suburbio (al que quizás pertenezca y no al barrio de lujo) para conquistar, al cabo del tiempo, los rincones más poderosos de la sociedad. A la música popular y el baile se unen no pocos pintores o literatos que han sido, durante décadas, los retratistas del pueblo llano, los artistas del vulgo. La revolución que caracteriza a este arte sin poder es traicionada con el paso del tiempo: surgen las academias y las escuelas. El arte pierde su frescura inicial, el espíritu que lo alumbró, y se convierte en “clásico”, en una actividad reglada y controlada por grupos sociales que quizás no tengan mucho que ver con las personas y las ideas que en su día extendieron esa forma de crear belleza.

El arte sin poder resulta a menudo molesto, aunque sólo sea por su capacidad crítica. No es de extrañar, entonces, que el poder trate, de un modo u otro, de neutralizar sus efectos. Y no sólo por deslucir ese tono alternativo, subversivo, sino por otra sencilla razón: dominar el arte popular, institucionalizarlo, significa, en cierta forma, dominar al pueblo que vive ese arte, al que lo crea y lo mantiene. Sería un espejismo pensar que hoy es el poder político el que se encarga de amaestrar este poderoso arte impotente (valga la expresión). En nuesros días la industria del arte asume estas funciones de un modo mucho más claro. Los círculos económicos, sociales y culturales en los que se fomenta el arte son los mismos que lo adormecen. La descripción de este proceso debe sonar a reproche, sí, pero sólo a medias: quizás sea una parte inherente de toda manifestación artística su muerte y/o su permanente evolución. Es la ley de la calle: si el arte quiere sobrevivir ha de mantener su fuerza inicial. Cuando el arte sin poder recibe la atención del mismo está probablemente ofreciendo lo mejor de sí mismo, desarrollando al máximo su capacidad expresiva y sus innovaciones técnicas y estéticas, pero está a su vez muriendo como arte del pueblo, abriendo espacio a que surjan nuevas formas de creación. ¿Dónde sopla este arte que será despreciado hoy como barriobajero y recibirá después las bendiciones de los reyes del arte? A buen seguro ese vendaval mueve los árboles que crecen lejos de sus palacios.

§ | Miguel | 16/Oct/2007 | 13:29 | Añadir comentario | Añadir trackback

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