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El arte y lo sagrado

De la obra para la trascendencia a la trascendencia de la obra · Arte/cultura


La Venus de Milo, ¿arte o religión?Hasta hace bien poquito, las manifestaciones artísticas de la más diversa índole guardaban cierta relación con lo sagrado, con el terreno de lo simbólico que ha venido ocupando, en su mayor parte, la religión. A todos nos han enseñado que cada estilo arquitectónico tiene su propia “espiritualidad”: del románico oscuro y “temeroso de Dios” al gótico luminoso. O lo que es lo mismo: del Dios escondido y al Dios que ciega con su presencia. Diferentes sensibilidades recogidas también por la pintura y la escultura, incluso mucho antes de la aparición del cristianismo: ahí están las esculturas griegas, recordándonos que una religión politeista y abierta formaba parte de la vida diaria de sus gentes, tan acostumbrados a ver y tratar don dioses como con sus propios vecinos. Era el tiempo del arte “cultual”, en el que la frontera entre el objeto artístico y el espectador prácticamente no existía: no se contemplaba el arte, sino que se “creía” en él. Lo que los autores de la escuela de Frankfurt llamaron “lo totalmente otro” ha sido expresado con muchas formas artísticas a lo largo del tiempo.

Otro ejemplo a mayores que nos permite ir más allá de las raíces griegas o cristianas es el del teatro: varios antropólogos han señalado cómo el teatro ha sido una de las referencias culturales indispensables a la hora de crear rituales. Del juego inicial de la representación o la imitación se pasa algo que pretende revestirse de trascendencia: también en los ritos religiosos hay un escenario, unos modos de vestir, de hablar y de comportarse. Por eso no tiene por qué extrañarnos que los encargados de fijar rituales tomaran prestadas algunas de las características de las más diversas artes, entre las que la música no ocupa ni mucho menos un lugar menor. Como si el arte fuera una manera de comunicarse con lo sagrado, de acercarlo o de manifestarlo de una forma mucho más clara, potente y efectiva que cualquier otra manifestación cultural. Desde luego, mucho mejor que las palabras, tan gastadas como están por el uso y el intercambio de las mismas.

La autonomía del arte, que suele situarse entre finales del siglo XIX y comienzos del XX supone una ruptura. El artista varguandista no quiere ya ser trascendente. Pero arrastra sin embargo parte de su herencia: negando la relación entre arte y trascendencia se quiere convertir al objeto artístico, a la obra, en la única y verdadera trascendencia. Los museos de arte, particularmente los de arte contemporáneo, son auténticos “santuarios” del siglo XXI. El visitante se prepara para una experiencia distinta y asume normas como guardar silencio o apagar el teléfono móvil. Si los rituales religiosos copiaron al teatro, es hoy el teatro el que se ha convertido en sagrado: hablar durante la representación, abrir caramelos o recibir una sonora llamada en el móvil son “pecados” imperdonables. Es el respeto. Respeto no exento de cierta tensión: contemplamos con un silecio admirado y reverenciador obras que en ocasiones han sido concebidas con el escándalo y la provocación como finalidad. En los tiempos de la increencia, adoramos religiosamente el excremento del artista. Un signo más de la relación entre el arte y lo sagrado.

§ | Miguel | 1/Dic/2009 | 15:24 | Añadir comentario | Añadir trackback

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Un comentario a “El arte y lo sagrado”

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Buenas noches boulesis.Pues sí, qué razón llevas; adoramos lo indeseable, aunque lo sagrado haya sido siempre lo deseado en el arte, porque la realidad viva, cotidiana, hasta el siglo XX no ha sido objeto de culto. Es curioso ver cómo se pide el respeto a lago que no se lo ha ganado o que no lo provoca; porque el “respeto”, si hablamos en términos ya no morales en el arte, es algo que cada artista debe ganarse (y no estoy hablando de buen comportamiento precisamente); cierto es que eso implica “cierta” formación del epectador; mucho me temo que tal formación cada día esté más lejos de ayudar al Arte con mayusculas, que no al arte minúsculo; quizás afortunadamente. El Arte sacro ha tratado siempre de simbolizar lo que en sí mismo no es nada, el no-ser o el vacío,que es en lo que remata la divinidad; el Arte se ha dividido históricamente en sacro, técnico, crítico y difuso; ahora estamos en el difuso más bien, lo sacro ha desaparecido, aunque claro que hay quien pretende vivir en el sacro, pero lo ve desde el difuso en realidad; las pinturas de Bacon, por ejemplo la crucifixión, alguien con mala uva puede relacionarlo aún con lo sagrado, pero hay ahí tal “difusión” de conjeturas que es todo menos arte religioso; si esto es afortunado lo sabremos en un futuro…si lo hay. Saludos-

§1 | Heracles | 1/12/2009 | 21:58

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