El existencialismo es un humanismo
Sartre es un filósofo bastante conocido por el gran público: no ya sólo porque el año pasado fuera el centenario de su nacimiento (apareció en diversos medios de comunicación) sino también por ser uno de los máximos representantes del existencialismo (corriente que llegó a ser casi una “moda” obligada en ciertos ambientes culturales hace unas décadas) y es también uno de los impulsores de una figura bastante discutida, como es la del “intelectual comprometido”. Sin embargo, es difícil encontrar, fuera del mundillo filosófico, a gente que haya leído algo de la obra de Sartre. Como mucho, alguno que se ha acercado a su teatro (no nos olvidemos que rechazó el premio Nobel, por lo que no se le tenía que dar muy mal escribir), mientras que sus obras filosóficas suelen dormir el sueño de los justos. Sus expresiones son oscuras, difíciles de entender, y terminan creando un lenguaje propio sólo apto para iniciados. así ocurre con El ser y la nada, una de sus obras más conocidas (y quizás menos leídas). Pero no pasa con la obra de la que hablamos hoy, y que puede servirnos para acercarnos a las ideas de Sartre: me refiero, como el título señala, a El existencialismo es un humanismo.
Y es que la obra que nos ocupa está pensada para defender al existencialismo ante la opinión pública de diferentes ataques que esta teoría recibió, según los cuales era atea, desesperanzadora y materialista. Se pensaba que el existencialismo despreciaba la condición humana, y por ello debía ser rechazado. Lejos de esta propuesta, Sartre nos presenta en esta pequeña obra algunas de las ideas centrales del existencialismo, y trata de mostrar cómo detrás de estas late un profundo respeto por el ser humano: no se trata de menospreciarlo, sino precisamente de dignificarlo, atribuyéndole la libertad que le es propia, pero también subrayando aquellos aspectos de la existencia humana que pueden resultar angustiosos. Es el hombre el que ocupa el centro de la reflexión existencialista, se nos dice, pero el hombre real, no un hombre inventado, convertido en una idealización o asimilado a una esencia concreta que deba realizar. El ser humano es libertad, posibilidad, y esa libertad es el mayor de sus problemas pero también el más bello de sus atributos.
La defensa sartreana del existencialismo se ha terminado convirtiendo, con el paso del tiempo, en una exposición meridianamente clara de las ideas centrales del existencialismo. Cualquiera que quiera profundizar en esta corriente, debería comenzar por aquí, antes que por otras obras más complicadas del propio Sartre o de Heidegger, autor que también termina desarrollando un lenguaje propio con expresiones más que oscuras. Cualquier biblioteca básica de filosofía, del aficionado a la filosofía, debería incluir este título, lectura indispensable para familiarizarse con las ideas y temáticas existencialistas. Si cualquiera de vosotros quiere saber las consecuencias de esa frase un tanto críptica que probablemente hayamos escuchado en alguna clase de filosofía (”la existencia precede a la esencia”) que coja el libro de Sartre y se zambulla en sus párrafos. Seguro que después de la lectura lo tiene todo más claro.
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