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El gran silencio

Cuando las palabras ensucian el silencio · Actualidad


Daniel, el Dios y demiurgo de esta página, siempre me reprocha que escribo sobre los temas de actualidad a las semanas de que el hecho en cuestión haya ocurrido (lo cual no impide que la categoría “actualidad” sea de momento la más utilizada de esta bitácora). Y es que en muchas ocasiones, la actualidad (política, económica, cultural, deportiva, social…) me parece tan repugnante, dogmática, irreflexiva y antifilosófica que el mayor desprecio que se puede hacer a la misma es precisamente eso: no hacer aprecio. El silencio (filosófico) como respuesta. Volver la mirada hacia otro lado. No por evasión, sino, en cierta forma, por vergüenza. Estatutos, guerras (armadas, económicas y culturales), leyes, manipulación, interés, dogmatismo. La voluntad de verdad es hoy más que nunca una voluntad de poder, de imponerse sobre los demás: así ocurre en el periodismo, la política, la economía, la cultura y la historia. Y estar todo el día con la misma cantinela puede llegar a ser tedioso. Insoportablemente aburrido. En fin que la actualidad, muy a menudo, da asco y que por ello, para no asquearnos, no está de más el filosofar (filosofear, dicen algunos) un poco. Pero como Dios siempre fue Dios (”Yo soy el que soy” dijo hace un tiempo, según los “periodistas” que escribieron el Éxodo), Daniel no va a ser menos y hoy me toca escribir un pequeño balance de los últimos días.

Esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios. Como si esta breve frase conocida por todos fuera la pera de los consejos, la piedra filosofal de la vida política, no hubiera estado de más que la hubieran aplicado muchos de los que, en realidad, son “expertos” en la palabra, ya que viven de su uso, abuso, desgaste y degradación continua. Qué bueno hubiera sido el silencio el día 29 de diciembre, cuando estábamos mejor que el año anterior. Y mejor todavía hubiera estado el silencio el día 30, cuando la irracionalidad y la estupidez humanas explotaron en el aparcamiento. Silencio que ha venido siendo pisoteado después por palabras oportunistas: la oposición metiendo el dedo en la llaga, apelando a una unidad que conciben de un modo partidista y electoralista. A todo esto se le añadió mucho más ruido, más palabras huecas: las de un presidente tan laico que cristianamente pone la otra mejilla con una “energía y determinación por la paz” tan envidiables que terminarán por lograr el premio Nobel (de la paz, se entiende). Y para rematar la faena dos notas de la radio: el de una persona que jamás debería hablar en público (porque no sabe) diciendo desde su propia emisora que ha habido “problemas de información e interlocución” y, desde el bando opuesto, disparando información incendiaria, violenta y agresiva, intercalada con los “mensajes radiofónicos” de los obispos. Qué sería de nosotros sin sus consejos políticos

Unos y otros son ahora esclavos de sus palabras. Pero no dueños de sus silencios, porque parece que aquí nadie sabe callar cuando conviene hacerlo. Nadie sabe ser prudente cuando la situación lo exige. Algo de esto hablábamos antes de navidad: les interesa el poder, no el bien común. Así de claro, así de duro. Sin medias tintas. Otra cosa es que, por efecto de la débil democracia en que vivimos, no puedan mantener el poder sin promover “algo” el bien común, sin hacer que los inidividuos de esta sociedad piensen que el país “mejora” o “avanza” en algún sentido. Cuestión muy distinta, por cierto, respecto a lo que podría ser un progreso real. Un progreso que requiere una altura moral y un sentido crítico (algo que comienza siempre por uno mismo) de los que están muy lejos algunos de los responsables de este país, que se empeñan en inundar la vida de palabras que rara vez mejoran el silencio. La ética de las palabras exigiría, seguramente, declaraciones muy distintas, capaces de reconocer errores propios y aciertos ajenos, algo que está muy lejos de la disciplina de partido/periódico/radio. Un poco más de humildad y bastante menos egoísmo. Así que, antes este panorama, no es tan raro que ante muchos asuntos de actualidad esta bitácora opte por la solución de Wittgenstein: guardar silencio.

§ | Miguel | 8/Ene/2007 | 15:07 | Añadir comentario | Añadir trackback

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8 comentarios a “El gran silencio”

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Estoy completamente de acuerdo contigo Miguel.El partidismo y el tener un horizonte temporal muy limitado(cuatro años de poder) es lo que mueve a nuestros políticos en la mayoría de los casos.De todos modos los hechos, y no las palabras,a mi modo de ver,son los que nos deben guiar en nuestra crítica, ya que las palabras han perdido todo su sentido en las bocas de nuestros políticos.

§1 | Luis.A. | 8/01/2007 | 19:01

No puedo estar más de acuerdo con la anotación de hoy, Miguel. En muchas ocasiones da la sensación de que lo que la gente “de a pie” quiere/queremos no se ve reflejado en aquellos que dicen representarnos en las instituciones públicas…Supongo, por otro lado, que, en cierta medida, nosotros (ciudadanos/votantes/lectores/oyentes…) somos responsables (o culpables) de que las cosas funcionen así y no de otra manera.

§2 | Raúl | 8/01/2007 | 20:36

así es. amén.

Pero eso de quedarse en silencio… de esa manera no falta uno a su deber? Quiero decir, uno no tiene el deber de exponer los errores que observa? Al menos hasta cierto punto: si el sujeto se empecina en el error quizás habría que dejarlo ir hacia aquello que busca.

Pero si uno observa que otro está embaucando a un tercero, no debería alertarle? Cuando uno observa cómo son las cosas, no tiene el deber de comunicarlo al resto de la gente?

en estos tiempos que corren, no se muestran los falsarios más vigorosos que los justos? con tu actitud no generas debilidad en tu equipo?

Y esto del vigor al que hacía referencia es una cuestión de mera lucha mediática, el juego de respuestas ingeniosas, rápidas y tal, o tb de lucha de principios?

§3 | texas jr | 9/01/2007 | 01:01

¡Saludos!
Coincido contigo, texas jr: el silencio puede ser a veces una evasión. Lo preferible siempre sería la palabra justa, la correcta. La prudente, podríamos decir con Aristóteles. El problema es que en los últimos días hubo muchas declaraciones que ofendían al sentido común: o nos toman por tontos o directamente se están riendo de nosotros. Y lo más preocupante es que muchos ciudadanos se identifican con esas declaraciones, sin contar con una capacidad de análisis o crítica más allá de las simpatías por un partido o un medio de comunicación particular. Cualquiera puede estar afiliado a un partido o preferir una cadena de radio (Ser, Cope, Onda cero o Punto radio, me da igual…) a cualquier otra. Pero que falte el más elemental sentido común para darse cuenta de que el propio partido puede hacer cosas mal o que la radio preferida se puede equivocar en sus enfoques es demencial.

Callarse a veces puede ser un grave incumplimiento del deber, claro que sí. Pero antes de hablar, conviene reflexionar, y se echa mucho de menos algo de reflexión en las palabras de nuestros políticos y de muchos medios en los últimos días.

§4 | Miguel | 9/01/2007 | 12:51

ok, estamos de acuerdo. Interpreté lo del silencio como aplicado a uno mismo. Efectivamente, yo tb pienso que a más de uno le haría falta unas cuantas cucharadas de jarabe de silencio, pero este jarabe sólo funciona cuando se lo aplica uno mismo y si uno no quiere… o le viene bien vocear…

§5 | texas jr | 10/01/2007 | 00:36

Lo de demiurgo no sé, pero suscribo lo que dices una vez más. Por desgracia cuando enchufamos las noticias ya tenemos que ir con nuestro criterio por delante, sabiendo casi de antemano que lo que vamos a oir no es exactamente la verdad…

§6 | Daniel | 10/01/2007 | 01:21

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Trackbacks a “El gran silencio”

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Enviado desde HispaLibertas » El gran apagón y otras vainas :

[...] El pasado día 8, Hispalibertas y otros medios se hacían eco de una nota de prensa de Apemit que contiene graves acusaciones contra algunas entidades de gestión de derechos. Al tiempo, se referían otras acusaciones sobre irregularidades similares en distintos juicios celebrados en la actualidad por estas entidades. Pues bien, si habéis seguido el enlace anterior, podéis observar la poca (nula) repercusión que ha tenido esta noticia. Los grandes medios se abstienen de criticarlos, como si en ello les fuera la vida. Y es absolutamente seguro que la nota de prensa les llegó a todos por igual. Silencio, que no acontece según que asuntos, y debería. Cierre total de filas en todo lo que concierne a este lobby, sean medios, sean políticos de todo signo. [...]

Enviado desde Boulé » Educación para la ciudadanía (política) · Blog de boulesis.com · Filosofia, deliberacion y pensamiento :

[...] gran silencio En nuestro blog: educación política En Technorati: educación, política § | Miguel | 12/Mar/2007 | 11:14 | Añadir comentario | Añadirtrackback [...]

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