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El no debate

Sobre democracia y medios de masas

El debate de hoy es tan irrelevante como trascendente. Irrelevante porque parece que a estas alturas del partido se sabe ya quién va a ganar las próximas elecciones. Porque, por otro lado, es un no debate: todo está absolutamente pactado. Se conocen ya los tiempos y los temas, los turnos y las posiciones. Y lo más importante: es irrelevante porque faltan muchos partidos políticos. Es ilusorio pretender que todos los que se presentan puedan compartir plató televisivo. Pero sí sería posible que los seis o siete partidos que más votos recibieron en las últimas elecciones puedan exponer sus ideas y sus propuestas. Bastante asentado está ya el bipartidismo en la sociedad española como para que tenga que venir ahora la "academia de la tele" a respaldar la idea de que tenems que elegir entre dos opciones tan aparentemente opuestas como mutuamente dependientes.

Pese a todo lo anterior, el debate me parece en cierta forma trascendente. No porque vaya a decidir el voto aquellos que pueden decantar las elecciones. Ni mucho menos. Lo más interesante del debate es el mensaje que transmite: el poder de la televisión y los medios de masa en la democracia. El hecho de que todo esté absolutamente medido nos da una idea de cómo conciben los partidos y sus líderes la democracia: no importan las ideas o lo que vaya a ocurrir después de las elecciones. La política tiene esta noche otros valores: dar bien en cámara, resultar convicente, persuadir. Que no se muestre ni un solo error. Que todo esté milimétricamente medido para lograr naturalidad y espontaneidad. Sabiendo ya lo que va a decir el adversario, preparar la respuesta más convincente posible.

El debate de esta noche transmite una imagen triste de nuestra democracia. En nada ayuda que sea excluyente, y mucho menos que esté todo tan petrificantemente planificado. Bastante "parafernalia" política hay ya en los mítines, orquestados magistralmente por los directores de campaña y llenos de afiliados que, agradecidos al partido por los motivos que sean, agitan sus banderitas y aplauden a sus candidatos. Los grandes medios deberían servir precisamente para sacar a los candidatos de sus "giras", ponerles en un contexto en el que los trucos de los "bolos políticos" no sirvan. Ver seres humanos de verdad, de carne y hueso, defendiendo un proyecto político para los próximos cuatro años. Cómo vamos a confiar en la política, a espera algo de la democracia, si las televisiones y los directores de campaña convierten a sus líderes en actores encorsetados de series de sobremesa. Falta mucha autenticidad. Falta mucha política.