¿Es internet el ojo que todo lo ve? · Internet
Foucault estudió, entre otras muchas cosas, la evolución de los mecanismos de castigo y vigilancia de la sociedad a lo largo de los siglos, con un especial enfásis en la capacidad productiva del poder. En Vigilar y castigar aborda también el concepto de panóptico de Jeremy Bentham. La idea era bien sencilla: se trataba de economizar recursos en las tareas de vigilancia dentro de las prisiones y aumentar la eficiencia. Lo que, aparentemente, pueda resultar paradójico, encontró una sencilla solución: vigilar sin ser visto. Bentham ideó todo un complejó arquitectónico desde el que poder ejercer las labores de vigilancia sin que el preso sepa que está siendo vigilado.
Para economizar medios, bastaba con organizar una prisión circular con una gran torre central, desde la que se pudiera observar a todos los presos con el mínimo personal. Los modelos carcelarios han evolucionado bastante desde entonces, y los sistemas de vigilancia y de castigo también se han modificado. Hoy en día, ya no sólo se vigila a los presos, sino que cada uno de nosotros es objeto de las más insospechadas técnicas de control. Las empresas quieren vigilar a los consumidores, conocer sus gustos, de la misma forma que los partidos políticos aspiran a conocer qué deben ofrecer en sus programas para volver a ser elegidos. La información vuela en todas las direcciones y, entre todo ello, cada uno de nosotros aparece en listas a las que nunca quiso apuntarse.
La propaganda y la publicidad, las campañas de captación y las grandes ofertas de nuestra vida se nos plantean ante algo tan sencillo como un pequeño formulario, donde preguntan cosas en principio intrascendentes. Esto lo vemos en internet a diario. Por si esto fuera poco, lo servidores almacenan todas las páginas que visitamos y nuestros correos se someten a un sistema de filtrado, por no hablar de lo que pueden hacer con las llamadas realizadas desde nuestros teléfonos. Muchos de nosotros realizamos actividades a través de la red pensando que es un medio seguro. Sus deficiencias, sin embargo, han aparecido en múltpiles ocasiones: no hay red sin agujero. ¿Se ha convertido internet, y todas las campañas que nos rodean en el panóptico del siglo XXI? ¿Qué podríamos saber cada uno de nosotros de tí, si introdujéramos tu nombre en cualquier buscador? ¿Qué sabe de nosotros el estado? ¿Y las empresas que nos bombardean con su publicidad? Vigilar sin ser visto. Ser vigilado sin detectarlo. Puede que sea una de las consecuencias de este mundo virtual…
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6 comentarios a “El nuevo panóptico”
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De lo más curioso de este asunto es que, en muchas de las ocasiones, tienes que explicitar que no quieres pasar a formar parte de un archivo de datos, en lugar de explicitar si uno quisiera tal cosa. Es decir, el que calla, otorga; otorga para estar controlado, y, lo que es aún peor, bombardeado y bombardeado de información.
Ahora bien, siendo este uno de los precios a a pagar de la sociedad actual de la información, también es cierto que así se dispone, tanto para el ocio, como para la seguridad ciudadana, de una mayor agilidad de búsqueda.
Aún así, yo me pregunto como profesor de secundaria: si soy funcionario de la Junta, y esta “empresa” mía dispone de mis datos de forma centralizada y con minuciosidad, ¿por qué debo de consignar mi historial laboral cada vez que necesito solicitar algo a dicha “empresa” -dígase un concurso de traslados, p.ej.? Esto es: ¿existe algún otro trabajo en dónde el trabajador le tiene que contar al jefe los años que lleva trabajados, como si este no lo supiera ya de sobra y no poseyera la información pertinente?
Celebro con mucha alegria y entusiasmo vuestra vuelta. Muy interesante el artículo.
Un saludo amigos.
Muy buen articulo
excelente sitio, soy investigadora y me parece interesante
Y que sucedera con el habeas data?, nos servira a los ciudadanos para poder conservar y vigilar quien tiene nuestros datos.
Estoy de acuerdo.
El mundo ?civilizado? de inicios del siglo XXI se está convirtiendo en un enorme panóptico. Cada vez son más las cámaras y radares en las carreteras y calles. La excusa: los accidentes. Cada vez son más los controles se seguridad en viajes, edificios, incluso en las escuelas. La excusa: la inseguridad. Cada vez tienen más conocimiento del dinero que tenemos y del que dejamos de tener, en qué nos lo gastamos y cómo lo ganamos. La excusa: el fraude y las mafias. Cada vez está mas vigilada Internet. Antes enviábamos una carta y difícilmente nos la podían abrir sin que se notase. Ahora los correos electrónicos e incluso la ?huella? de las páginas que visitamos pueden ser leídos por los que tienen el Poder. La excusa: el terrorismo.
Y así sucesivamente en cada una de las parcelas de nuestra vida. Y la pena es que a la mayoría se nos engaña con las citadas excusas: ?prefiero que me pongan en pelotas al entrar al avión y perder en ello media hora con tal de que no pase un colgado con una bomba?. No. Preferiría correr el riesgo. Porque sé que la impaciencia, la intransigencia, la fatiga y el exceso de autoconfianza que están detrás de muchos accidentes de tráfico son un problema de educación, no de represión y vigilancia. Porque sé que el mafioso, el ladrón, el chorizo, el terrorista, son precisamente las personas que más fácilmente pueden escapar de la vigilancia por férrea que ésta sea. El problema es que facilitar Cultura es muy caro y muy lento, especialmente cuando la diana ni siquiera es de nuestra etnia ni de nuestra cultura particular. Además, la Cultura va ligada a una demanda de Libertad y eso ha asustado a los poderosos de todos los lugares y de todos los tiempos.
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