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El olvido, motor del aprendizaje

Aprender a desaprender, clave del aprendizaje · Enseñanza


Un niño de primaria sabe menos que un niño de primaria. Y no es que quiera destrozar el concurso televisivo construido sobre varias falacias. La paradoja que inicia este párrafo es sólo aparente: lo único que pretendo resaltar con ella es que el olvido, el desaprendizaje, forma una parte inherente de todo proceso de aprendizaje. No se puede aprender nada nuevo sin antes haber desaprendido, sin que los contenidos antiguos abran espacio a lo nuevo. No se trata de que al estudiar un curso olvidemos absolutamente todo lo aprendido en el anterior, pero sí que vayamos modificándolo, integrándolo en lo nuevo, transformándolo. Un proceso que puede culminar perfectamente en el olvido, sobre todo cuando aquella información un día sabida deja de ser significativa, pierde relación con el contexto vital del sujeto o sencillamente no se utiliza. Como si de una ley lamarckiana del uso y del desuso se tratara, el sujeto ha de ser capaz de relacionar lo nuevo con lo viejo, si es que realmente desea aprender lo nuevo y conservar lo viejo. El aprendizaje deslabazado, desconectado, no puede recibir este nombre, y se ve mucho más afectado por el olvido que aquel en el que relacionamos contenidos. Así que nos vemos en una especie de carrera en espiral. Recorrer una vuelta completa a la misma significa haber alcanzado una nueva perspectiva, quizás sin siquiera haberse dado cuenta de los contenidos y procedimientos ya conocidos e implicados en el nuevo aprendizaje, y de aquellos que voluntaria o involuntariamente se van arrinconando.

Desde la vida cotidiana, en la que aprendemos nuevas estrategias y comportamientos permanentemente, hasta el aprendizaje más formal de un colegio, instituto o universidad, el proceso del olvido juega un papel determinante. Aprender a desaprender es un paso paralelo y tan importante como el archiconocido aprender a aprender. El que es capaz de desaprender sabe adaptarse a nuevos contextos vitales, es más flexible y moldeable y desarrolla una personalidad con una mayor plasticidad. El superviviente nato tiene que saber olvidar. Aprender a usar ordenadores con conexiones a internet implica que un adulto deje de lado, hasta cierto punto, otras tecnologías ya conocidas y sea capaz de pensar desde los esquemas y procedimientos de la nueva tecnología. Algo parecido ocurre en el terreno académico: profundizar en un conocimiento significa tomar conciencia de la imperfección de lo sabido, de su limitación e incompletud, e incluso saber olvidarlo cuando se trata de aprender una nueva teoría que sustituye a la anterior. Por eso, en cierto sentido, un bachiller sabe menos que un niño de primaria, un licenciado menos que un bachiller y un doctor menos que un licienciado. Y si la propiedad es transitiva la conclusión es inmediata: un doctor de cualquier especialidad (incluso si da clase en la universidad) sabe menos que un niño de primaria.

Todo lo que vamos dejando en el camino es el “precio” que hay que pagar por el nuevo aprendizaje. La visión omnicomprensiva e interrelacionada es, probablemente, la gran recompensa. Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en la lectura: es probable que ningún lector pueda acordarse de aquel libro que leyó hace diez años y que tanto le gustó. A la vez las ideas, personajes, situaciones o sentimientos que más impactaran en su día en el lector han podido dejar poso y condicionar las posteriores lecturas. Se ha olvidado aquella lectura, pero en cierto modo ha sido digerido, incorporado a la vida y al pensamiento. Olvidar es un proceso activo, que va mucho más allá del simple ser incapaz de recuperar un dato concreto. No es sólo perder un dato, ser incapaz de recordar una fecha o un poema. Olvidar es posibilitar el nuevo aprendizaje, poner todas nuestras capacidades al servicio de ese nuevo contenido, procedimiento o comportamiento. El olvido está lleno de memoria, nos dice Benedetti. Y de aprendizaje, añaden las nuevas teorías pedagógicas. Siendo esto así, ¿debemos desesperarnos cuando comprobamos que nuestros alumnos son incapaces de recordar todo lo explicado el año anterior?

§ | Miguel | 18/Oct/2007 | 14:00 | Añadir comentario | Añadir trackback

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2 comentarios a “El olvido, motor del aprendizaje”

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Más sobre el nihilismo..
Sobre la relación entre nihilismo y misticismo, aquí
http://antesdelascenizas.blogspot.com/2007/10/anlisis-lgico-de-la-esencia-del_18.html

§1 | Angelus | 18/10/2007 | 16:22

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Enviado desde los sueños de la razón / El semanal de anotaciones (invierno 08, 8º domingo) :

[...] mucho por desaprender, como comenta gabinetedeinformatica en El aprendizaje de la era actual. Como Internet parece que [...]

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