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El poso de la lectura

¿Qué nos queda después de haber leído?
Hans George GadamerHace unas semanas, terminaba de leer Verdad y método II, un conjunto de artículos que H.G. Gadamer (Gargamel, para mis amigos...) publicó para completar la visión de la hermenéutica que nos había ofrecido en Verdad y método. El caso es que ambos textos tienen un número considerable de páginas, y el otro día me preguntaban que para qué servía leer tanto libro, si ahora con toda seguridad era imposible que me acordara, por ejemplo, de los libros que había leído hace 5, 6 o 9 años. Y hasta cierto punto, quien me dijo estas cosas tenía razón. Es verdad que sería incapaz de exponer ahora, por ejemplo, el Laques, diálogo platónico que leí hace ya tres veranos. Y más verdad todavía que lecturas anteriores puede que hayan quedado completamente borradas de mi pensamiento, de mi vida diaria. Porque eso sí que está claro: libro que no da el salto a tu forma de vivir, a tu forma de ser o a tu forma de pensar es libro muerto. Quizás hayamos podido habitarlo un tiempo, pero, por los motivos que sean, no hemos decidido quedarnos a vivir en él. Pero este olvido vital e intelectual, no significa que los libros no nos dejen un poso, que carezca de sentido leer tratados filosóficos o literarios de varios cientos de páginas. Y es que los libros alargan su sombra hasta nosotros, y son verdaderos trampolines para nuestro pensamiento, para nuestro discurso, para nuestra conversación. ¿Me acordaré de algo dentro 10 años de las obras "gargamelianas" (como dirían por ahí...) que acabo de leer" Pues no lo sé, pero para empezar, mi exposición de Sócrates y de Platón (sobre todo en lo que respecta al concepto de diálogo) ha sido este año más rica, más completa, gracias a estas lecturas. Si el año pasado incorporé sin quererlo ciertas obras de Emilio Lledó (autor que me ocupó en el verano del 2005), este año, sin buscarlo, aparecían en clase expresiones, giros e ideas que me recordaban mucho mis lecturas nocturnas. ¿Qué quiere decir todo esto" Que aunque no vaya a realizar un trabajo de investigación o a aportar nuevas formas de entender las grandes obras filosóficas, su lectura es importante. Imprescindible para un profesor, diría yo. Y aunque sea tirar piedras contra mi propio tejado (aún me faltan muchas grandes obras por leer), creo que un profesor de filosofía es, en este sentido, como el buen vino: mejor cuantos más libros pasan por él (lo cual implica necesariamente, tiempo y muchos años de docencia. Así que, aunque nadie se acuerde al dedillo de todo lo que lee, no se puede afirmar, creo, que leer no merezca la pena: el poso que va dejando esta actividad, y los grandes beneficios que proporciona, la convierte en una de las más saludables. Al menos para nuestra cabeza...

Buenos días, Miguel: estoy muy de acuerdo con lo que dices del poso de los libros: o por lo menos, ése es el consuelo que queremos tener (o que nos queda) a los que dedicamos una parte muy importante de nuestras vidas a habitar el mundo de la lectura. Lo cierto es también que la pregunta que plantéas (¿qué queda de lo que recordamos?) es algo que siempre me ha obsesionado desde pequeñito: ¿somos lo que recordamos, y cuando no recordamos ya, no somos? ¿qué pasa con todo aquello que sucedió y ya no recordamos? ¿esos momentos no fueron y se pierden, simplemente, en el tiempo? ESto nos porta, a su vez, a los problemas del hombre con la trascendencia. Y también a los atributos de las personas. ¿Por qué no conformarse con ser, por qué ese afán del hombre de rodearse de atributos? Medallas, honores, premios, carreras, director de esto y de lo otro... Bien, como todos tus post, planteas múltiples preguntas, que es lo importante. Por eso el hombre es horizonte. Dejo a los lectores un enlace de elpais.es donde Castilla del Pino habló este verano de las cuestiones de la memoria y de las profundidades morales a las que conducen las preguntas que plantean. http://www.elpais.es/articuloCompleto/opinion/uso/moral/memoria/elpepiopi/20060725elpepiopi_6/Tes/ Gracias, Miguel. Un saludo, rubén

Gran cuestión, me he planteado muchas veces lo mismo, y me sigue pareciendo un misterio. Creo como tú que un libro cuanto más enganche con lo que vives en un momento dado, más posibilidades de que te "sirva" para algo. De todas formas a mí leer lo que sea (hasta el periódico jaja) siempre me parece aprovechable, siempre encuentro ideas o frases que me hacen cuestionarme todo y seguir aprendiendo y creciendo. Por cierto la expresión "poso" me parece muy adecuada por gráfica.

Hola, Miguel, otra vez por acá. Creo que es interesante lo que dices, pero tengo la sospecha de que elaboras mucho para justificar que lo leído no te ha dejado nada, o que te exiges demasiado a la hora de leerlo en tu investimento de profesor y de filósofo. También me da la impresión de que usas este medio para convencerte a ti mismo de que es importante leer las grandes obras filosóficas, a pesar de que puedan ser insolubles al hígado. ¿Y qué tal de esas obras que no son tan grandes o importantes? Muchas veces lo que propiamente paraliza es el efecto que tiene en nosostros la autoridad del autor, o de la relevancia histórica del libro. Muchas veces uno lee una obra como un deber ser que en realidad sólo da jaquecas intelectuales. Personalmente tengo mis propias regulaciones. Una de ellas es no leer nunca un libro por deber ser, ya que cuando una obra se hace un deber ser, uno sólo está enfocado en cumplir con leerla y en esperar con impaciencia a que llegue la última página. Una buena lectura querrá que el libro nunca se acabe, y auque tenga mil páginas, nos lleva como peces en el agua a terminarlo. Pero cuando un libro se hace un deber, se vuelve una loza en la espalda, y cuando uno está en el acto de leerlo, la malla retenedora no sólo se vacía y deja de asir las ideas, sino que te deja con la sensación no sólo de haber perdido el tiempo sino de haber caido en una parsimonia vegetativa, todo a cambio de tener el talante para decir "si, ese también lo leí". Leer para dar cuenta a los demás de que se ha leido algo y con ello poder mostrar que es parte del bagaje que uno porta, es algo que despotenciliza la lectura. Hasta podría decirse que implica una leve esquizofrenia, ya que uno está impelido de decir algo a pesar de que están todas las letritas agolpadas en la cabeza: tal indigestión impide referirse a lo leído con una distancia cabal para poder hacer un mapeo claro y ordenado. Uno no puede partir de un deber ser si quiere hacerse del saber de esa obra. Otra regulación que aplico, y que va en el sentido contrario, es nunca leer por placer. Ahí también uno cae de inmediato en la autocomplacencia, y pues la lectura más bien se trastorna en repliegue subjetivo que no va más allá del ego ni del ensimismamiento. Yo siempre he pensado que leer y sobretodo leer filosofía tiene que nacer de una necesidad imperiosa. Ello implica una relación con lo leído muy comprometida también, sin que ello sea una parálisis petrificante. La idea es que uno se involucre con la obra al grado de hacerla propia, y más si se trata de una obra aparentemente importante: a esas hay que domarlas, maltratarlas, faltarles al respeto para verlas tal cual son. Además, uno tiene que ser capaz de conocerse a sí mismo para saber sus límites, si una obra no aporta nada, acaso merece una, dos o tres oportunidades más -en distintos ánimos y contextos-, pero puede suceder que en el fondo las resistencias que se activan respecto a ella respondan a un modo protección insospechado, el cual está en función de rechazar sistemas de pensamiento incompatibles. Si uno está yendo a un lugar y recorriendo un camino con ciertas obras y ciertos autores, hay que tener muy presente qué obras y qué autores sabotean esa orientación y desperdigan nuestro mapa. En fin, creo que leer filosofía no nos sirve ni para incrementar la presunciones de nuestro saber, ni para enseñar a los demás de sus bondades. Leer filosofía es una acción que nos lleva a un lugar especial, y tenemos que tener la sensibilidad de encontrar las obras que nos movilicen hacia allá, pero también la humildad para reconocer que algunas otras, sean o no importantes, no solamente no nos llevaron a ninguna parte, sino que nos anclaron en un lugar que nos trunca. saludos

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Yo no soy aficionada a leer filosofia pura y dura,pero he leido libros que te enseñan filosofia de la vida,de los errores y triunfos que otros pueden cometer para aprender de ellos.Todo lo que sean temas de lectura y libros me llaman mucho la atencion,la verdad es que es verdad que cuando lees un libro despues de varios años lo olvidas, pero tambien depende de lo que leas. Creo que depende de lo que te haya enseñado, marcado o mostrado ese libro para que permanezca mas en tu memoria. Ahora mismo puedo recordar varios libros que lei hace años,cada vez mas borrosos en mi memoria,pero las partes esenciales siguen ahi,y espero que por mucho tiempo...

Perdón por el enlace. Pues Texas JR, aquí tienes el enlace al artículo de Castilla del Pino: http://transversaltruth.blogspot.com/2006/11/el-uso-moral-de-la-memoria-por-castilla.html