El segundo sexo
Un excelente libro para iniciarse en las cuestiones de género · Leer filosofía
La consideración de la mujer dentro de la sociedad occidental ha sufrido un proceso peculiar: de vivir marginadas y dominadas por los hombres, han pasado en apenas cinco décadas a ocupar puestos de responsabilidad en nuestra sociedad, logrando (al menos formalmente) la igualdad de derechos. En la raíz de estos logros está el compromiso y la lucha de diversos colectivos que desde hace más de cien años han venido reivindicando algo tan elemental como el derecho al voto. Pero junto a esa implicación está la reflexión y el hacer de muchas mujeres entre las que brilla con luz propia y merecida la autora de El segundo sexo. No es justo que para muchos sea sólo la compañera de Sartre, y la investigación que Simone de Beauvoir nos presenta en los dos tomos de los que hablamos hoy es una buena muestra de ello. Lejos de ser una mera “copia” del existencialismo aplicada a las cuestiones de género, El segundo sexo representa un análisis filosófico, histórico, político, económico, sociológico, simbólico y cultural de la presencia de la mujer dentro de nuestra civilización. Un libro que lejos de lo que pudiera pensar más de uno, está de plena actualidad. Porque una cosa es que la igualdad entre hombres y mujeres se haya convertido en una idea más de lo políticamente correcto, y otra, por supuesto, que debamos plantearnos en qué consiste esa igualdad y revisar la opresión sufrida por la mujer a lo largo de la historia.
Es lo lamentable de lo políticamente correcto: paraliza el pensamiento, impide el diálogo y convierte ciertas ideas en intocables, a riesgo de ser mirado con cierta extrañeza por nuestros interlocutores. Si algo hizo el pensamiento de Simone de Beauvoir en su día fue precisamente cuestionar ideas prestablecidas. Es verdad que las mujeres y los hombrs deben gozar de los mismos derechos. Pero decirlo de un modo acrítico no sirve de mucho. El segundo sexo nos ayuda a entender por qué, y sobre todo a detectar cuáles han sido los mecanismos de dominación que han condenado a la mujer durante tantos siglos a las tareas domésticas que le impedían el acceso a otro tipo de actividades (desde el trabajo al desempeño de cargos públicos). Y no se trata sólo de dominación física, sino también de una dominación cultural, capaz de generar estereotipos que asocian a la mujer a todo lo que debe esconderse, encauzarse. La mujer es “lo otro del hombre”, el segundo sexo. Las formas de pensamiento que han venido justificando la explotación femenina son desenmascaradas por Beauvoir que trata de estudiar las condiciones reales de la existencia de la mujer en diversos tiempos y lugares. El esencialismo condena a la mujer a ser una segundona, la reduce a un ser emocional y sentimental que no puede desempeñar correctamente los cargos públicos que exigen racionalidad. Ese nefasto esencialismo se contrapone al existencialismo femenino que nos presenta El segundo sexo.
Hombre y mujeres son iguales y deben disfrutar de los mismos derechos. Así de claro y contundente. Esto ha pasado a formar parte del credo occidental, que recitan periodistas, políticos, y profetas de las ideas adecuadas. Las raíces de estas ideas son lo realmente importante, lo que a día de hoy debe seguir siendo leído, actualizado y discutido. Y no sólo por mujeres como a menudo se observa en los círculos filosóficos. Se trata de un problema importante, con consecuencias filosóficas en terrenos como la metafísica, la teoría del conocimiento, la ética, y la filosofía política. La rica distinción entre feminismo de la igualdad y la diferencia, las aportaciones que a este debate pueden provenir de la biología y la neurobiología, o desde el pensamiento crítico, los matices que han de añadirse desde el análisis real de la mujer en nuestras sociedades… Todo ello configura un campo de estudio y debate muy amplio y muchos de los argumentos que se escuchan en las intervenciones presuntamente “originales” y “novedosas” son una repetición hueca de las aportaciones de Simone de Beauvoir. Ampliar el debate y extenderlo es una condición indispensable para una verdadera igualdad entre hombres y mujeres, una igualdad que no venga impuesta de fuera, sino que derive de la propia reflexión. Iniciarse en estas cuestiones con la lectura de El segundo sexo es una manera excelente de ir tomando conciencia de las formas de opresión que aún perviven, y de qué estamos hablando cuando decimos que hombre y mujeres son “iguales”. Sin lugar a dudas, un libro interesante y revelador.


