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El truco de la filosofía

La teoría que dirige tu mirada · Filosofía


¿Es el filósofo, a su manera, un mago?La magia es una actividad contradictoria: mezcla verdad y mentira a partes iguales. De partida, nadie hay más sincero que un mago: “Te voy a hacer un truco“. Esto quiere decir que lo que vamos a ver no es del todo real o, mejor dicho, que rompe las reglas de lo real. Algo aparentemente maravilloso va a suceder ante nuestros ojos. Pero la maravilla descansa precisamente en el engaño. Si alguien va a hacernos un truco, nos está diciendo que nos va a mentir sin que seamos capaces de darnos cuenta de ello. La honestidad se trastoca en embaucamiento. En cierta manera, cualquier teoría filosófica es también un enorme truco de magia. Con una especial particularidad: ningún filósofo aceptará, de partida, que lo que ha escrito o lo que nos va a contar es un “truco”. La filosofía, a diferencia de la magia, tiene aspiraciones de verdad. No pretende romper sus reglas o ir más allá de ella, sino explicarla por medio de una teoría.

Dicen los que saben que la clave del truco está en la distracción. El buen mago ha de tener buenas manos, pero fundamentalmente buena lengua: con sus palabras, con el ritmo de su voz y también con sus gestos, ha de centrar nuestra atención en aquella zona del escenario en la que no va a ocurrir absolutamente nada. Así, puede libremente manipular a su antojo allí donde no miramos. Esto hace también la filosofía. Los “magos” empiristas nos hablan permanentemente de lo concreto, de aquello que nos resulta más cercano: cómo vamos a conocer el mundo que está a nuestra mano si no es través de los sentidos. Nuestros ojos y oídos son los mejores notarios del mundo que nos rodea. Las bolas de billar, los colores o los caballos: no podemos conocerlos sin verlos. La magia de la realidad viene dada por el festival de los sentidos que nos ofrece. Sobre los conceptos abstractos, lógicos o matemáticos, hay que guardar silencio. Todo por aquí, nada por allá.

Que la palabra teoría nos recuerde la mirada no es casual. Los magos idealistas o racionalistas nos enseñan a mirar el mundo desde una perspectiva bien distinta. Nos explican a las mil maravillas cómo y por qué pueden existir las matemáticas, los conceptos filosóficos, las normas y valores morales. Nada por aquí todo por allá. Al dirigir nuestra mirada, las teorías filosóficas escamotean lo que no explican. Todas ellas tienen truco, pero como buenos magos, los filósofos no gustan de mostrarlos al público. El espectador escéptico cuenta en la filosofía con una gran ventaja respecto a la magia: basta un poco de experiencia para saber dónde está el truco. Todos los filósofos son magos del lenguaje y los conceptos. Todos esconden u omiten lo que no pueden justificar. La magia filosófica, en consecuencia, es incapaz de ocultar su truco: el olfato nos indica dónde está el engaño. Incluso en el caso de aquel filósofo que presumía de tener buen olfato: también él, a su manera, fue un gran prestidigitador de las palabras.

P.D: fuente original de la imagen.

§ | Miguel | 19/Sep/2011 | 13:42 | Añadir comentario | Añadir trackback

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2 comentarios a “El truco de la filosofía”

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Muy bueno, muy interesante leerte.

§1 | yaderv | 20/09/2011 | 18:26

Estupenda reflexión sobre la relación entre la magia y la filosofía. Me permito compartir una entrada que escribí en mi blog Carbonilla sobre la magia como metáfora de lo que ocurre en la clase de filosofía (inspirada en otro artículo sobre la magia y la arquitectura)
Un saludo.
Alejandro Sarbach

http://carbonilla.net/2010/03/21/arquitectura-magia-y-educacion/

§2 | Alejandro Sarbach | 2/10/2011 | 12:36

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